Ousmane Dembélé ha jugado unos 85 partidos de primer nivel entre Francia y Alemania. Ha marcado  23 goles entre sus clubes y la selección, y dado 28 asistencias. No parecen cifras como para convertirse en el fichaje más caro de la historia del Barcelona, un club por el que han pasado Maradona, Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho, Messi y otros de los mejores jugadores del mundo. Pero ya sabemos que el mercado se ha vuelto completamente loco después de lo de Neymar y que el Barça tiene mucha necesidad de llenar el vacío del brasileño y otros muchos problemas. Sin embargo, el club catalán no sólo invierte en Dembélé, invierte en el 4-3-3, el sistema que le ha dado sus mayores éxitos y que parecía vivir sus últimos días.

Porque si algo es Dembélé y en algo puede marcar las diferencias es en los extremos abiertos y con la cabeza puesta en la portería, una de las 3 puntas ideales en el sistema Barça. No sabemos muy bien cuál (se supone que la izquierda porque a Messi le gusta más salir desde la derecha), por cuestiones tácticas y porque ni el propio Dembélé parece tener muy claro cuál es la izquierda y cuál la derecha.

Ernesto Valverde venía coqueteando desde la pretemporada y en el envite contra el Real Madrid agitar el árbol táctico del esquema del Barcelona, tan efectivo como rígido desde Guardiola hasta ahora. El armazón del 4-3-3 estaba pensado para explotar las cualidades de jugadores muy específicos (Busquets, Xavi, Iniesta, Neymar) e irrepetibles. La mitad de esos ya no están y la otra mitad parece lejos de su mejor nivel. Por alguna u otra razón, interiores como Rakitic, jugadores indefinidos como Denis Suárez y delanteros como Alcácer y Munir han ido perdiendo su sitio o no han tenido nunca chance de llenar esos espacios.

Valverde tiró de 4-2-3-1 y en ocasiones de 3-5-2 pero la llegada de Dembélé le parece empujar irremisiblemente a un once reconocible en el Barça de los últimos años, con el francés por Neymar en el tridente. Pero si el Barça no engrana las piezas detrás de sus delanteros (otra cuestión será ver si Suárez y Messi mezclan con Dembélé como mezclaron con Neymar dentro y fuera de la cancha), volverá a sufrir como equipo partido, quejoso para presionar tras perder la pelota, más abocado al ida y vuelta que a mandar desde la pelota y débil sin ella. Tendrá los mismos problemas que el Barça con Neymar, pero con Dembélé.