Los aficionados al fútbol no sabemos lo que queremos. Vivimos el verano ávidos de traspasos, soñando con nuevos fichajes para nuestro equipo sin reparar en que, necesariamente, las entradas implican salidas. Nos fascinamos con incorporaciones rutilantes y al mismo tiempo cerramos el puño y lo elevamos al cielo para renegar de aquellos que sienten más el símbolo del euro que el escudo en la camiseta. Deseamos que nuestros jugadores se comprometan con el mismo sentimiento de pertenencia que nos arrastra cada quince días al estadio pero también aplaudimos el trasiego mercantil que los acabará alejando de nuestro corazón.

Conclusión: no es fácil ser jugador de una sola camiseta.

Xabi Prieto, como tantos y tantos otros jugadores, no ha ganado un solo título en toda su carrera. Sin embargo anoche se sentía como si hubiese logrado uno que muy pocos atesoran.

El talentoso centrocampista donostiarra no podría haberlo guionizado mejor: partido 500 con su único escudo, en su estadio, marcando un gol y venciendo por 3-0 al Villarreal. Tiene 33 años y la decisión tomada de retirarse antes de que la Real Sociedad, el club de su vida, estrene el nuevo campo de Anoeta, previsiblemente en 2019.

¿Cómo ha podido ser Xabi Prieto un one-club man? Se desconoce la fórmula necesaria para lograrlo, pero en él se dan algunas características comunes a otros integrantes de esa selecta relación de jugadores-emblema, a saber:

  • oriundo del lugar
  • canterano del club
  • talento notable para mantenerse en el equipo año tras año
  • pero nunca tanto cartel como para atraer el interés de equipos más poderosos
  • entrenadores que interpreten su estilo
  • voluntad de la institución por retenerlo con un esfuerzo económico
  • voluntad del jugador por renunciar a ofertas más suculentas
  • reconocimiento de su compromiso por parte de la grada.

El tuitero David Mosquera está recopilando en un hilo de su cuenta @renaldinhos otros casos destacados de futbolistas españoles que solo vistieron unos colores en su carrera.

Las condiciones antes expuestas son casi imposibles de replicar en el fútbol actual que mercadea con talentos apenas florecidos como Dembelé por cifras exorbitantes. Por eso las excepciones resultan tan gratas: Francesco Totti, uno de los mayores talentos del fútbol europeo de los últimos tres lustros, fue capaz de resistir los cantos de sirena del Real Madrid de Los Galácticos para convertirse en el verdadero sucesor de Flavio Rómulo Augusto, el último emperador romano de Occidente, fallecido en el año 527.

Mas como siempre sucede, cada historia tiene su reverso, así que por cada one-club man añorado tiene que existir un infinite-club man de leyenda. Ese honor le corresponde a Sebastián “El Loco” Abreu, que guarda 25 camisetas diferentes en su ropero y a sus 40 años se define como un perpetuo descubridor de nuevos horizontes.

 

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