“Lo fundamental es saber quién eres y no olvidarte nunca: a partir de ahí seremos competitivos”. Las declaraciones del entrenador del Leganés, Asier Garitano, tras la victoria de su equipo en el campo del Espanyol resumen bien lo que ha sido este inicio de La Liga Santander que llega a su primer alto en el camino.

No habrá competición local esta semana a causa de los encuentros de selecciones. Esto servirá para que los clubes cierren sus plantillas, traspasos mediante, y realicen algo de introspección. Algunos tienen más que reflexionar que otros.

Con una muestra de tan solo 180 minutos no es apropiado sobrerreaccionar, pero sí se advierten dos líneas divergentes en el torneo. En primer lugar, la competitividad inmediata de los equipos modestos entregados al esfuerzo y confiados en el valor de la continuidad. Podemos llamarlos los equipos plug-and-play, “enchufar y listo”.

El Leganés suma dos trabajadas victorias y desde la tercera plaza puede calcular que ya posee la séptima parte en puntos de una permanencia. Junto a ellos, los recién ascendidos Levante, Girona y Getafe, aun con estilos y resultados diversos (los madrileños solo han sumado un empate), han sorprendido a conjuntos de mayor cartel gracias a una fórmula semejante: definida su idiosincrasia, se arriman al credo de los mismos entrenadores que les ayudaron a emerger desde la categoría inferior y, a base de denuedo, reniegan de los complejos que se les presuponían. No cambian para que todo permanezca igual, como cuando ganaban en Segunda.

Para los equipos en transformación, cualquiera de los citados representa un mal negocio en estas primeras jornadas. Pese a la disparidad en los marcadores (los andaluces al menos han ganado un encuentro; los gallegos no han puntuado), Sevilla, Betis y Celta no están engrasados. Los tres prometen ser equipos atractivos para cualquier espectador neutral de la #LigadeMierda, con un ideario que se desarrolla a partir del balón. Pero a los mecanos de Berizzo, Setién y Unzué, respectivamente, aún les chirrían las tuercas. Son entrenadores-autores que pretenden desarrollar un estilo independientemente de las piezas.

El público de Vigo duda de que su portero Sergio tenga el toque necesario para ser el Valdés o Ter Stegen iniciador del juego que pretende su entrenador llegado del Barcelona; Setién aún añora algo más de calidad en ataque para replicar sus momentos de mayor brillo en Las Palmas; y Berizzo se empeña en rotar mientras el equipo asimila su plan a trancas y barrancas. Solo una genialidad del perezoso Ganso lo rescató del naufragio en Getafe.

Ya se ha abierto el melón de La Liga y quien ocupa el primer puesto hasta la fecha es el equipo que mejor integra estas dos tendencias del campeonato: posee el valor de la continuidad y lo aplica a una propuesta admirable. La Real Sociedad de Eusebio Sacristán, en cuyo flanco derecho conviven un futuro (Odriozola), pasado (Xabi Prieto) y presente (Oyarzábal) igual de ilusionantes, es el equipo que tiene las ideas más claras. Y eso, en los primeros compases del torneo, es una ventaja frente a cualquier rival.

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