“Sementar, sementarei” (“Sembrar, sembraré”) dice un tema emblemático de la canción popular gallega, obra de Fuxan Os Ventos. Con ese leitmotiv se conduce la planificación deportiva del Celta de Vigo que, exprimiendo aún los mejores frutos de una cosecha de canteranos regada con calma gracias a la travesía por Segunda División (Aspas, Mallo, Jonny, Sergio), sigue sembrando futuro.

Con Borja Iglesias cedido en el Zaragoza y Pape Cheikh traspasado al Olympique de Lyon, en el huerto olívico se admiten ahora los transplantes de retoños extranjeros que prometen florecer con fuerza: el pivote eslovaco Lobotka, el goleador uruguayo Maxi Gómez y, para pasmo del fútbol europeo, Emre Mor.

Mor (cedamos a la tentación de la metáfora evidente) es una delicia turca, un extremo liviano de tan solo 20 años, veloz, encarador, fantasioso, capaz de aparecer con igual peligro por el lado derecho o por el centro del área. Es una pieza perfecta para intentar replicar aquel indescifrable y contragolpeador ataque del antiguo Celta de Berizzo, donde Aspas, Orellana y Nolito hacían un nudo constante con el cerebro de los defensas.

Ahora, con una referencia en punta como Maxi que obliga a arrimar a Iago Aspas a la banda, el internacional turco puede ser quien insufle al plan del nuevo entrenador Juan Carlos Unzué algo de esa imprevisibilidad necesaria para que la mejor versión celeste coja vuelo.

Sorprende que el Borussia Dortmund suelte tan pronto a Mor, pero la pujanza de nuevos talentos en el equipo alemán es enorme y el nuevo entrenador Peter Bosz no pestañea con esta salida o la de Dembelé porque cuenta con el emergente fenómeno Pulisic. Cierto es que la aparición del joven turco fue fascinante pero breve. Emre apenas disfrutó de 500 minutos en Bundesliga y una hora de juego en Champions durante la pasada temporada.

Estuvo a punto de irse al Inter de Milán, pero finalmente es el Celta quien apuesta fuerte por el muchacho. Pagará cerca de 13 millones de euros por él, el segundo mayor traspaso en la historia del club tras el de Catanha.

Dicen en Vigo que sus rivales de A Coruña son turcos, pero no les costará aceptar en Balaídos a Emre Mor, hijo de otomanos emigrados a Dinamarca, país prolífico para los celtiñas, del que llegaron en su día Michael Krohn-Dehli o Daniel Wass. Si algún chiste se va a hacer reiteradamente sobre el joven extremo va a proceder de otro país: Chiquitistán.

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