El FC Barcelona nos ha deleitado con el verano más circense que se recuerda. Dónde queda aquel mítico “Zubi, ¿quién es Douglas?” No, la actual directiva culé ha logrado superar todo lo inimaginable. Una serie de catastróficas desdichas, una tras otra, han colmado la paciencia de una grada harta de unos dirigentes incapaces de manejar una nave de semejante entidad.

La deliciosa panza de Arda Turan a finales de junio supuso el pistoletazo de salida. Fake o no, se trataba de un comienzo entretenido. Mientras, Robert Fernández y compañía intentaban bailar con la más fea. Pero pese a los mayores esfuerzos de los medios catalanes, no había forma de atrapar a Marco Verratti. Y, tal como había anunciado el perverso Al-Khelaifi en 2014, el Barça pagó las consecuencias.

Efectivamente, el oro qatarí dictó sentencia y la institución catalana fue la víctima en el traspaso más elevado de todos los tiempos. Por supuesto, desde el club llevaban semanas negándolo todo. Otro ridículo a ojos del aficionado. Más o menos como el tuit de Piqué con el brasileño, pero esa es otra historia…

Tras la fuga de Neymar, y con más de 200 millones de euros frescos en la banca, a las geniales mentes de la directiva culé solo se les ocurrió intentar apagar el incendio con un compatriota suyo. Pero no, no era Coutinho, a pesar de las interminables ofertas enviadas hacia Anfield. Era nada menos que Paulinho, previo pago de 40 millones a su ex equipo chino.

Ya da igual el rendimiento que ofrezca el medio brasileño de 29 años. Lo mismo que sucede con Nelson Semedo, bastante buen lateral portugués contratado semanas antes. Cualquiera que llegue va a ser observado con lupa por una simple razón: la excusa para mirar con ojos endemoniados hacia el palco.

El último ejemplo de ello lo ha palpado ya Ousmane Dembele, su fichaje más caro de siempre. Cualquiera que haya seguido al francés recientemente sabe que es un jugador de un potencial descomunal, pero los malabarismos de su presentación supusieron otro dardo para Bartomeu y demás. Cierto es que el chaval no puso de su parte esta vez…

En definitiva, una suma de despropósitos, incluyendo el misterio de Jean Michael Seri pero principalmente la telenovela Neymar, que además ha servido para revelar la fractura total entre el vestuario y la planta noble del Camp Nou. Mientras, la grada exige dimisiones. Obviamente, la de Bartomeu.