El regreso de Lucas Pérez al Deportivo de La Coruña se hizo oficial este jueves, aunque la reunión del delantero con  el club de su ciudad natal llevaba meses cantada. Una negociación agónica que puso de los nervios a la parroquia gallega acabó con final feliz, con Lucas saliendo de la disfuncionalidad del Arsenal para volver al sitio donde dio su mejor nivel, y donde espera recuperarlo para ayudar al Dépor y, de paso, ayudarse a sí mismo.

La llegada de Lucas al Deportivo puede ser la diferencia entre el sufrimiento y la comodidad para el club coruñés. Entre pasar apuros para salvarse y vivir con cierta holgura en la zona templada de la Primera división. Aunque parezca un objetivo modesto, es mucho para una entidad como el Dépor, ahogada en lo económico, inestable en el proyecto deportivo (los entrenadores se suceden y Pepe Mel no tiene pinta de que vaya a echar raíces) con una secuencia de temporadas (descenso, ascenso, descenso, ascenso, dos permanencias agónicas) que provoca un desgaste mental evidente.

Lucas Pérez, un delantero zurdo de pegada contundente, desmarque inteligente, capacidad asociativa infravalorada, carácter volcánico y un cierto aura de estrella, es capaz de marcar esa distancia entre un equipo abocado a pelear por no descender y otro capacitado para miras más altas. En ese sentido, la contratación del coruñés puede ser uno de los fichajes más determinantes de la Liga española: pocos jugadores en relación calidad-precio tienen capacidad de cambiar la dimensión de un equipo en España.

En la cola del amplio pero poco efectivo fondo de armario del ataque del Arsenal, Lucas Pérez dispuso de pocos minutos en su única temporada con los Gunners, que pagaron 20 millones de euros por su fichaje al Deportivo de La Coruña. Sin embargo, el delantero gallego aprovechó al máximo sus escasas oportunidades: marcó en todas las competiciones, mostró que no desentona en un equipo de abolengo Champions e hizo historia con un hat trick en la máxima competición continental. Lucas conquistó el corazón de muchos aficionados del Arsenal, que se quedaron con las ganas de ver más al punta español.

Su regreso al Deportivo es un movimiento que beneficia a ambos. Al equipo coruñés porque Lucas es un líder espiritual y en el campo, galvanizador de la afición blanquiazul (basta ver que 200 personas fueron a recibir al futbolista en el aeropuerto cerca de la medianoche) y referente en el ataque. Es un chute de autoestima en una entidad muy necesitada de ello, porque Lucas Pérez era pretendido por Valencia, Sevilla y otros equipos del segundo escalafón de la escena europea, pero al jugador le tiró más su vuelta a casa. El año de su partida hizo 17 goles y un buen puñado de asistencias, y si se acerca a esas cifras la cesión sin opción de compra por 4 millones parecerá barata.

A Lucas Pérez, la vuelta al Dépor le sirve porque una de sus principales virtudes es una confía ciega en sus posibilidades: emigrante gallego del fútbol, pulido en duras experiencias en Vallecas, Ucrania y Grecia, Pérez se ve ahora con opciones de llegar a la selección española y al Mundial de Rusia 2018. Lucas se mira en el espejo de Iago Aspas y lo que su némesis ha hecho en el Celta, el gran rival del Dépor, y cree que también puede llegar a la lista de Lopetegui. Pero también ve el regreso de Villa a la selección y entiende que hay una vacante. Si logra acercar al Dépor a esa tranquilidad, el premio gordo le espera a Lucas.

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