Aprovechando la jornada extra con respecto a los mercados ya cerrados en el resto de Europa, muchos participantes de la Liga española apuntalaron sus respectivas plantillas con interesantes refuerzos. Algunos, incluso por necesidades de última hora.

A esta categoría pertenece el Deportivo de La Coruña, que todavía inmerso en el excitante regreso de Lucas Pérez, sufría un soberano revés con la lesión de su portero titular, Rubén. Los coruñeses reaccionaron rápido firmando in extremis al gigante rumano Costel Pantilimon, cedido por el Watford.

Precisamente, la fórmula del prestito (como dicen en Italia) fue la salida más recurrente. Ahí está el Alavés, que inscribió de forma temporal a Munir (Barça) y a Álvaro Medrán (Valencia), tras hacerlo horas antes con Bojan (Stoke). Hizo lo propio el recuperado cuadro Ché, anotándose a los prometedores Andreas Pereira (Manchester United) y Gonçalo Guedes (PSG).

Al igual que Bojan y Pereira, otros futbolistas han regresado a la Liga tras experiencias infructuosas en otros lugares. Es el caso de Sergi Darder y Sergio Sánchez, ambos para el Espanyol; de Jefferson Montero, que defenderá al Getafe; o de Nordin Amrabat, ahora en el Leganés.

Más que jugosa es la apuesta del Sevilla por el joven alemán Johannes Geis. El clásico refuerzo de los hispalenses que llega sin hacer el más mínimo ruido pero que después… Aunque el tiempo lo dirá.

Mención especial merecen el Barcelona y el Atlético de Madrid. Para regocijo merengue, sus principales enemigos fracasaron. Los culés culminaron su lamentable periodo estival siendo incapaces de cerrar su última operación, Di María (según los medios catalanes). Para más inri, con el club que les birló a Neymar y bloqueó a su gran objetivo, Verratti. La rueda de prensa posterior pasará a la historia negativa azulgrana (llantos, contradicciones…).

En cuanto a los colchoneros, era incompatible acelerar la llegada de Diego Costa con arreglar los desaguisados en el Wanda Metropolitano. Así las cosas, el delantero añorado por el Cholo sigue en Brasil, en plena guerra civil con un Chelsea que lo ha inscrito en su plantilla para la Premier League (posiblemente, para evitar denuncias). Al divorcio futbolístico más longevo que se recuerda solo le faltaba la metedura de pata de Courtois.

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