El Barcelona quiso hacer un ejercicio de transparencia en el final del mercado de fichajes. El resultado, sin embargo, es el mejor ejemplo del dicho de que lo único peor de parecer idiota es serlo. Y el Barça, como club, quedó peor de lo que estaba al intentar explicar el fiasco en el fichaje de Coutinho. La intervención pública de Robert Fernández y Albert Soler, lejos de apaciguar los ánimos, ha incendiado aún más la hoguera que crece a los pies de Bartomeu y la directiva del club azulgrana.

A cada detalle, a cada contradicción, a cada revelación, la rueda de prensa de los dos responsables del área técnica y deportiva del Barça era una piedra en la mano de la oposición a Bartomeu, en la picota por la gestión de los últimos años, criticado casi al unísono por los acontecimientos que siguieron a la salida de Neymar. Valverde había pedido fichajes para mejorar el equipo y contener la ola del Real Madrid, pero sólo llegaron Dembélé y Paulinho y ahora el Barça parece quedar (más que nunca) en manos de Messi. Eso, si el argentino no decide hacer las maletas, el mayor de los temores del barcelonismo.

Cada sentencia en boca de Soler y Robert era una afrenta. «Los clubes tradicionales hemos dejado de ser los principales actores para que lo sean países, fondos de inversiones y personas muy ricas», dijo sin sonrojarse Soler, cuyo club hasta hace poco lucía el patrocinio de uno de esos países, y cuya política de fichajes en España (pregunten en Sevilla o Valencia, por ejemplo) se asemejaba al expolio. Rebatir este punto va mucho más allá del simil del pez chico y el grande. «Hoy nos podríamos haber presentado aquí con los fichajes de dos jugadores por un valor de 270 millones de euros”, insistió Albert Soler.

Es curioso que el responsable de deportes profesionales del Barça diga esto y, al mismo tiempo, diga que el Barça «no entrará en un mercado inflacionado». Es decir, el Barça pagó 105+45 millones de euros por Dembélé forzado por un ente que secuestró las mentes de los directivos azulgrana, y estaban dispuestos a pagar algo similar por Coutinho. El único problema es que el Liverpool se puso cazurro y se negó a vender a un jugador con contrato. Hay tantos errores en este párrafo que provoca dolor de cabeza: el Barça entró de lleno en ese juego de la inflación que dice criticar, sobrevaloró en varias decenas de millones de euros a los dos fichajes, de haberlos conseguido retaría de nuevo al fair play financiero que pide que actúe contra el PSG…

Para más inri, Soler y Fernández aducen que el Liverpool les sorprendió pidiendo 200 millones, algo que el club inglés ha negado posteriormente, desnudando una vez más la posición de debilidad del Barça en el mercado. El Barça dice que descartó la contratación de Coutinho porque no se comprometerá institucionalmente con operaciones de ese calibre, pero lo cierto es que si el brasileño no está en la Ciudad Condal es por la cerrazón del Liverpool, no por el dinero que estaría dispuesto a gastar el club catalán.

No contentos con arruinar la poca credibilidad que les quedaba en el caso Coutinho, Soler y Fernández deslizaron sin querer (o queriendo) que el carísimo fichaje de Paulinho tiene pendiente, además de los 40 milllones, esas famosas variables. Es decir, Paulinho podría colarse en la lista de 10 fichajes más caros del verano. Toma compromiso de la estabilidad económica. Pocos preguntaron a Soler y Fernández por Di María, por el que el Barça fue incapaz de acordar un precio con el PSG, con el jugador dispuesto a hacer las maletas. La explicación del desastre acabó dejando al Barça peor aún de lo que ya había quedado ante la opinión pública. Sólo les queda rezar a Messi.

No Hay Más Artículos