El titular de esta noticia tiene un doble sentido que es difícil de explicar con menos palabras. Efectivamente, José Antonio Reyes se va al fútbol chino. Además, lo hará al equipo en el que “jugaba” el futbolista mejor pagado del mundo, Carlos Tévez. Es verdad que lo más probable es que llene el espacio físico que dejará el Apache cuando termine de consumarse su inevitable vuelta a Boca Juniors. Lo que además queríamos decir es que también es muy susceptible de ocurrir que Reyes llene el cupo de estrellas inadaptadas a la cultura que les rodea y acaben por poner pies en polvorosa a las primeras de cambio. Como Tévez, vamos.

Hablamos de José Antonio Reyes, un futbolista talentoso hasta el extremo, cuya carrera bastante apañada (paso por Arsenal, Real Madrid, Atlético, Sevilla, selección española, ganador de la Liga en España e Inglaterra y de cuatro Ligas Europa) es calificada por muchos como un tanto decepcionante, algo que dice poco de su juicio y mucho de la calidad de la zurda del utrerano. Capaz en sus mejores días de ser extremo veloz por la banda, luego reconvertido a interior, a veces segunda punta o mediapunta, últimamente más centrocampista, Reyes es un jugador que ha sabido reponerse a los tropezones (propios y ajenos) y culminar una trayectoria brillante.

Eso no quita que todo el mundo aventure que su viaje a China vaya a acabar mal. De nuevo, miremos a Tévez: si ninguno de los dos fue capaz de adaptarse a la vida en las dos mayores ciudades inglesas, pensar que a pesar de su madurez en el carné de identidad lo van a conseguir es ser muy optimista. Así que los sufridores aficionados del Shanghai Shenhua, cuyos dirigentes quieren que el club compita con Guangzhou y no lo consigue, pueden ir preparándose. A fin de cuentas, la carrera de Reyes tuvo dos puntos realmente brillantes, y fueron en Sevilla. Su casa.

El relato de su carrera, con algo de mala baba, en esta pieza de El País cuando Reyes estaba a punto de dejar el Atlético de Madrid resume a la perfección al personaje. Talento precoz de la cantera del Sevilla, fue una de las primeras operaciones que convirtió al equipo de Nervión en lo que es hoy. Vender por 30 millones al Arsenal a un adolescente fue un gran negocio. Reyes compró 14 coches de lujo en su estancia en la Premier pero acabó saliendo porque no se adaptó a Londres, a pesar de su sueldo, sus coches, su mujer, tener a media familia en casa… Y ni la casa le valía a Reyes, según confesó en un apasionante diálogo a dos con Sergio Ramos para ABC.

Salió al Real Madrid pero sólo duró una temporada a pesar de marcar algún gol clave para el título de Liga. El Atlético le firmó en medio de una bronca y Reyes no ayudó con su rendimiento a cambiar el espíritu de la grada. Se fue al Benfica para jugar con Quique Sánchez Flores, que lo devolvió “decepcionado por su rendimiento”. De la mano del sobrino de la Faraona sí que dio su nivel en el club colchonero, pero fue en Sevilla donde regresó una versión de Reyes cercana a la que le valió ser 21 veces internacional. Y con el equipo de casa y en casa, ganó sus títulos más especiales.

En el Espanyol dio altos y bajos. “Al fútbol se juega con los pies, no con los abdominales”, respondió Reyes a quienes le inquerían sobre un bajón físico propio de los 34 años y de 18 como profesional. Pero su Espanyol, de nuevo bajo las órdenes de Flores, acabó siendo de los mejores en el tramo final de la Liga. Todos contaban con Reyes una temporada más, pero China le ha llamado para una última buena paga. A diferencia de cuando se fue Londres, no tiene la perspectiva de quedarse mucho tiempo. Quizás eso le ayude.

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