Es lo que sucede cuando te crees que lo tienes todo. Que te confías y al primer tropiezo te parece que ya no tienes nada. Observemos con atención al Real Madrid, un juggernaut que comenzó la temporada aplastando rivales (bueno, aplastando AL RIVAL) como quien se sacude moscas. Hace un mes parecían prescindibles el sancionado Cristiano, el atribulado Bale y hasta el hipotenso Benzema para ganar los partidos con solvencia. Ahora mismo semeja que los excedentes apartados durante el verano (Morata, ¡Mariano!) resultaban indispensables. Es lo que sucede tras dos empates seguidos en el Bernabéu. Al Real le sienta mal el aire levantino: primero se trastabilló con el Valencia y el sábado lo hacía con el recién ascendido Levante.

El diario Marca calificó de “estrambótica” la alineación de Zinedine Zidane, esa en la que formaron cotizados internacionales, un fichaje del verano (Theo) y el canterano más deseado del mercado (Llorente). Pero cayó lesionado Benzema y el Madrid se tuvo que inventar un delantero que no tenía, porque sus suplentes del año pasado golean en el Chelsea y en el Olympique de Lyon y Florentino Pérez no quiso buscarles recambio.

Si hace 15 días se decía que en los blancos no hay equipo B, sino dos equipos A, el de este fin de semana parecía por momentos un equipo H (de hecatombe). Como siempre, para que se escapen puntos del coliseo capitalino tienen que coincidir varias circunstancias. Y frente al Levante se dieron: el visitante acertó cuando debía y el Madrid falló lo que no acostumbra. Así se cocina un 1-1. Que acudiesen a justificarse en la actuación arbitral habla de la impotencia merengue. El Real Madrid ve fantasmas donde el resto de equipos del torneo solo advierten un pecado de soberbia.

Mientras tanto, en el derbi de la Ciudad Condal el esperpéntico verano del Barça se desvanecía. De entre las sombras de duda emergió la luz que siempre ejerce de faro en las crisis, con el 10 en la camiseta. Ernesto Valverde ha entendido rápidamente que, mientras navega la zozobra, debe jugar el Messi-sistema. Una tripleta del argentino encaminó el 5-0 final ante el Espanyol. Debutó Dembélé y regaló una asistencia a Luis Suárez. ¿Quién se acuerda de Coutinho?

El Real Madrid y el Barcelona empezaron la temporada soñando. El sueño del primero era tan placentero que ahora no consigue desperezarse: busca abrazarse a Cristiano pero no lo tiene y no encuentra tampoco el peluche que lo conforte. Los culés vivían una pesadilla y decidieron espabilar lo antes posible. Han sumado nueve puntos por cinco del actual campeón de Liga.

Cuatro puntos entre los dos equipos tal vez no representen mucha distancia, pero sí una gran diferencia: la de que se pueda cuestionar o no la estrategia de rotaciones de Zidane; la de que se pueda discutir o no la planificación de la plantilla blanca; la de que se puedan repensar o no los pronósticos. Enfrente, los blaugranas encuentran certezas.

En el fútbol del duopolio, donde los dos grandes clubes funcionan como vasos comunicantes, el momento es siempre ahora.

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