El aficionado medio recordaba a Andrés Guardado con media melena rizada, correteando por la banda izquierda, bien fuera como extremo o como carrilero, con la camiseta del Deportivo de La Coruña o con la del Valencia. El aficionado medio que le perdiera la pista al mexicano se perdió también una incipiente alopecia y la evolución futbolística del internacional azteca, reconvertido en el PSV y en su selección en un centrocampista puro de un nivel altísimo para el segundo escalafón del fútbol europeo. Y esa nueva versión de Guardado, alejado de la línea de cal en la banda izquierda donde se hizo futbolista, está brillando ahora en España.

El Betis se impuso al Deportivo por 2-1, un partido muy especial para Guardado ante el equipo que le dio la oportunidad de madurar en Europa. En un choque en el que ambos equipos estuvieron flojos pero en el que el Betis tuvo más peso, una asistencia brillante del Principito para Joaquín en el tramo final desniveló el marcador a favor de los verdiblancos. Era el tercer pase de gol en tres partidos consecutivos de Guardado.

Era el tramo final del encuentro y Guardado explotaba, una vez más, los océanos de espacio que dejaba el Deportivo a la espalda de sus centrocampistas. Ahí maniobró una y otra vez el mexicano, ejerciendo su nuevo rol de faro y director del juego, pulcro y efectivo en el pase corto, con gran despliegue físico (a veces hasta demasiado) y una zurda precisa en el desplazamiento largo y a balón parado. Guardado se ha convertido, con el paso de los años, en un maravilloso catalizador de juego por el centro.

Nunca fue un extremo explosivo a pesar de jugar en banda, pero en ese hábitat se hizo un nombre en el Dépor durante cinco temporadas. Sufrió al inicio por la adaptación al fútbol europeo Guardado, y también a la presión de un fuerte desembolso del club coruñés (uno de sus mayores traspasos de la última década y media, aunque nunca acabara de pagarlo). Pero acabó siendo más que decisivo, el mejor jugador de la Segunda división en un ascenso vital para el Dépor. Luego, pasó dos temporadas agridulces en Valencia, donde estuvo a las órdenes de hasta 4 entrenadores en una de las típicas épocas de crisis en el club che.

Fue en Eindhoven donde encontró la paz y la madurez como futbolista. En el PSV, Andrés Guardado se convirtió en capitán general y en un centrocampista completo. Ahora, persigue participar en su cuarto Mundial y para eso debe rendir en el nuevo Betis de Quique Setién. «Guardado reúne una serie de condiciones extraordinarias, su currículum lo dice todo. Me podía presentar alguna duda porque no es el prototipo de mediocentro que se usaría en muchos equipos, que priman aspectos físicos que técnicos, pero en nuestra manera de entender el fútbol, es un jugador que tenga personalidad y capacidad para jugar hacia adelante y compromiso defensivo«, explicó el técnico cántabro a la llegada de Guardado.

Ante el Dépor fue eso y más. «A veces no tiene pausa, que alguna vez le reclamo, a veces quiere ir a todos los lados, a veces debe contenerse y es la única pega que le pongo», matizó Setién tras el partido ante el Dépor. Guardado no es capitán general en el Betis porque Joaquín, mito viviente del club, está presente y además hizo dos goles ante el Dépor. Pero uno de ellos llegó de los pies del Principito, regidor del juego del equipo andaluz y hombre en el que uno de los entrenadores de moda en España reposa toda su confianza.

No Hay Más Artículos