Habría que enviar una inspección a La Fábrica, el industrial apodo de la cantera del Real Madrid, para que investigue si a esos chavales les dan bien de comer. En todos los meritorios llegados de Valdebebas se aprecia una necesidad común: el hambre. Con mayor (Raúl, Morata) o menor fortuna (Morales, ¿Portillo?), el equipo blanco ha ido nutriendo el equipo propio y muchos ajenos con delanteros voraces, muchachos llegados de toda la geografía española dispuestos a cometer la temeridad de ser delanteros del Madrid. Temerarios porque su competencia en el primer equipo van a ser siempre los jugadores más caros del mundo.

Esta jornada le tocó a Borja Mayoral cubrir la baja de Cristiano Ronaldo y cumplió lo suficientemente bien para continuar aprovechando su papel residual en el grupo de Zinedine Zidane y, quién sabe, ser pieza cotizada para otros clubes cuando se abra el próximo mercado de fichajes. O al menos para silenciar los rumores que hablan del alemán del Leipzig Timo Werner como el ariete joven con más futuro en el Bernabéu.

Mayoral, 20 años y natural de Parla, hizo todo lo necesario para que el Real Madrid ganase 1-3 a la Real Sociedad de San Sebastián. Se estrenó como goleador con el 1-0 y provocó la jugada que convirtió al héroe del empate txuriurdin, Kévin Rodrigues, en villano con un tanto en propia puerta. Además, el madridista contribuyó a otra gesta histórica de su club. Su gol permitió igualar la marca de 73 partidos seguidos anotando (en cualquier competición) que poseía el Santos de Pelé.

El de Anoeta fue un partido importante para los de Zizou por tres motivos. El primero y más evidente: superaron al colíder, una Real Sociedad mermada por las bajas pero que había dejado sensaciones excelentes hasta la fecha. El segundo y más simbólico: evitaron que el Barcelona abriese una brecha en la clasificación tan grande como la de Dembélé en el muslo, una lesión que puede hacer titubear la confianza culé. El tercer motivo habla inglés y también duda a causa de las lesiones.

Gareth Bale marcó el 1-3 en una galopada descomunal. Volvió a despegar los adhesivos de la camiseta de un defensor con un adelantamiento velocísimo y mantuvo el control necesario para batir al portero con sencillez. Lejos de ese público madrileño que le silba más que le aplaude, Bale pudo sonreír tanto como lo hizo Florentino Pérez desde el palco. Sumar al galés sin restar a Isco o Asensio es muy conveniente para mantener la hegemonía del Real.