El Barcelona goleó al Eibar 6-1 con la habitual dosis de polémica para desviar un poco el debate (ese penalti a Semedo que abrió el marcador), pero con una nueva demostración de que no hay obstáculo suficiente para ponerle en frente a Leo Messi. El argentino afrontaba el choque contra el ordenado equipo vasco sin el lesionado Dembélé, con Luis Suárez en el banquillo, acompañado en ataque del cuestionado Deulofeu y el meritorio Denis Suárez, con Paulinho, Digne y Mascherano en el once… Es decir, una cara muy B del Barça. No importó: Messi hizo cuatro goles y se bastó para descuartizar al rival.

Y de paso, dejó un gesto insólito, de esos que te hacen pensar que Messi, a sus 30 años, sigue viendo los partidos de fútbol como un reto nuevo y un juego de calle. Ocurrió en el 3-0. Paulinho rompió la jugada con criterio dejando pasar la pelota para la carrera del 10. Messi irrumpió en el área, e intentó hacer su clásica jugada (clásica para las posibilidades de uno de los mejores de la historia): regatear entre dos rivales en el punto de penalti y acabar con un tiro con rosca lejos del portero. No le salió del todo bien porque Dmitrovic evitó el gol y la Pulga ignoró que Paulinho se desplegó sin balón para doblarle por la derecha. Pero por lo menos Denis Suárez acabó la jugada en gol. Y Messi, tras abrazarse al gallego, le pidió perdón a Paulinho. MESSI LE PIDIÓ PERDÓN A PAULINHO.

El mejor jugador del Barça, del mundo y quizás de todos los tiempos se disculpó por no darle un balón al último en llegar al club azulgrana, cuestionado por su encaje en el estilo del equipo y sobre todo por el precio de su fichaje. Lo resumió mejor que nadie Ernesto Valverde en su rueda de prensa posterior al 6-1: “Es lo más inteligente que he visto en un terreno de juego. Es igual donde le pongas. Va a convertir una jugada donde parece que no va a pasar nada…y sí pasa. A él le encanta el fútbol, disfruta y nunca se cansa de ganar”. Y eso Messi lo transmite a sus compañeros, la sutileza de ese gesto hacia el recién llegado lo demuestra.

Esa disculpa de Leo Messi a Paulinho en pleno partido puede ser el síntoma de que el argentino está más metido que nunca en su rol de líder, consciente de que el Barcelona le necesita más que nunca (lo está demostrando con sus goles, 300 ya en el Camp Nou, 8 en sus últimos 12 remates, 40 en los últimos 40 partidos). También puede ser el síntoma de que Messi ve en Paulinho en una arma útil si el brasileño entiende su juego, como parece: toca sencillo (o lo que sabe) y se le ofrece al espacio. Ante el Eibar, como en Getafe, el brasileño irrumpió al espacio que crea la Pulga dejándose caer hacia el centro del campo. Incluso ante los vascos, Paulinho se permitió tirarle una fina pared a Messi para culminar le póker de goles. El ex del Corinthians es consciente de que su baza para encajar en el Barça son los goles y su llegada al área, la misma que le ha hecho muy valioso  en la selección de Brasil, y por ahora lo está logrando. Hasta Messi le premia.

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