En algún lugar de Lagarto, ciudad mediana de apenas 100.000 habitantes en el turístico y generalmente pobre nordeste brasileño, Diego Costa está empezando a empaquetar sus cosas, afeitarse la espesa barba de dejado en el sofá, empezar a lamentar la dieta a base de coxinha y alguna cerveza que le ha dejado con una silueta digna de una botella de Coca Cola (y no por lo sexy) y felicitarse por lograr su particular fuga. El Atlético de Madrid y el Chelsea, tras meses de tira y afloja muy interesantes para el espectador pero tenso para los protagonistas, han acordado el traspaso de Diego Costa para que el hispano brasileño regrese al club español.

Es un carísimo traspaso de 55 millones más los ya habituales pluses que, salvo que incluyan que Costa no se peleará con nadie ni será expulsado nunca, se cumplirán elevando el coste en 10 millones más. La operación se acerca mucho más a lo que quería el Chelsea al principio del verano que lo que ofrecía el Atlético de Madrid. En cualquier caso, el club madrileño y el jugador logran lo que querían. La operación es un win win para ambos. Diego Costa sale del Chelsea a pesar de su más que aceptable rendimiento en Inglaterra: 58 goles y 24 asistencias (y 30 tarjetas) en 120 partidos con los londinenses. Pero su relación con Antonio Conte, amor y odio entre dos figuras pasionales, le empujó a la salida. Y su imagen en las islas no se puede decir que haya dejado una buena impresión. De fondo, la necesidad de brillar en el Atlético para recuperar su puesto en la selección española: Lopetegui le ha dado un serio aviso con la llamada-socorro de David Villa, y el crecimiento de Morata en el mismo Chelsea le amenaza.

Para el Atlético, el regreso de Diego Costa es un refuerzo más para el proyecto de Simeone (quizás el último, a pesar de la renovación reciente hasta el 2020 por la propia naturaleza de las relaciones tan largas entre entrenador y club). El Cholo mostró su felicidad por el esfuerzo del Atlético para seguir compitiendo al máximo nivel: «Que se hayan quedado futbolistas que pueden marcar la diferencia habla muy bien del trabajo que está haciendo el club y ahora debemos reflejarlo en el campo. Algunos creen una debilidad que no hayamos podido traer futbolistas, pero yo siempre veo la parte positiva: nos conocemos, sabemos lo que queremos».

Ahora, Simeone ve que Vitolo y Diego Costa llegarán y darán sentido a su visión 2.0 del Atlético, la que pasará a estar comandada por Saúl y Koke en lugar de Gabi, Thiago, Juanfran, Torres, etc. Y, sobre todo, dará un socio indispensable para que Griezmann acabe de dar el salto definitivo al podio de los mejores de Europa. Asfixiando por la responsabilidad de desequilibrar y además hacer los goles de un aspirante a títulos, Griezmann encuentra en Diego Costa un alivio: el brasileño le da cuota de goles, le abrirá espacios con su pelea, su profundidad y su movilidad, y le permitirá tanto asistir como aprovechar el caos que genere el hispano brasileño. Al Atlético esto le viene especialmente bien ante la futilidad de Vietto y con toda la pinta de que el revulsivo Correa se ajusta más como sustituto de Griezmann que en otra posición. Simeone se rearma para afrontar el reto de picar algo en uno de los tres títulos en liza.

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