Era el minuto 94 del descuento cuando Sergio Ramos apareció, como tantas otras veces, para decidir el partido en el Santiago Bernabéu. Pero sin que se conozcan demasiado bien las causas, en el último mes al Real Madrid todo le sale mal. Tanto es así que Ramos lo que hacía era romper el fuera de juego en su propia área y permitir que el remate de cabeza lo ejecutase Sanabria para certificar el 0-1 final del triunfo del Real Betis en casa del campeón de Liga.

Cuando los blancos, cegados por la incredulidad, acabaron de frotarse los ojos, atisbaron al Barcelona con siete puntos de ventaja en la clasificación, una diferencia que jamás han sido capaces de remontarle al equipo catalán para alzar el título. Eso dolió aun más que haber dejado escapar la posibilidad de batir la marca histórica de 73 partidos seguidos marcando que comparten con el Santos de Pelé.

El Real Madrid siempre ha vivido feliz en lo concreto: el gol, la contundencia defensiva. Pero en su inicio arrollador de temporada la exuberancia merengue se explicaba a través del juego, de una línea de centrocampistas en estado de gracia. Anoche Zinedine Zidane buscó soluciones sin Isco y sin Modric cuando entendió que el Betis de Quique Setién no regala la pelota. Quiso entregarse a la pegada, como antaño.

Era lo que había escuchado en los anteriores fiascos en su estadio, en los empates contra el Valencia y el Levante. Que el equipo merecía ganar por juego pero no lo hacía por la ausencia del sancionado Cristiano Ronaldo, el goleador que afila todas las jugadas. Pues bueno, CR7 regresó y, como se aprecia en el siguiente vídeo, no destacó por su finura en el remate.

Tampoco encuentra Zizou a Marco Asensio, no hace tanto el jugador del momento al que preguntaban en las entrevistas por una futura candidatura al Balón de Oro y ahora disminuido por un misterioso grano. El joven talento no ofreció las soluciones esperadas.

La plantilla más completa del campeonato debe demostrar ahora su profundidad. Mientras Cristiano y Bale se estrellaban una y otra vez contra Adán, el imbatible portero visitante, quizás alguno de esos aficionados del Bernabéu tan propensos a pitarle, entendió la importancia del lesionado Karim Benzema como hilvanador del ataque local. Su baja pesó tanto como pesará la de Marcelo, lesionado ayer y que no tiene sustituto. El otro lateral izquierdo, Theo Hernández, padeció una luxación en el hombro la pasada jornada. Todos ellos se reunirán en la enfermería donde sigue Kovacic, un pulmón que debería dar oxígeno a ese mediocampo al que se le empieza a nublar la vista.

Lesiones, falta de acierto en el remate, caída en el estado de forma de algunos jugadores… Zidane cuenta con varias pistas para intentar diagnosticar el porqué de esta crisis de resultados en su propio estadio. Los aficionados que con gritos de “¡corrupción en la federación!” aludían desde las gradas a una supuesta conspiración arbitral contra el club solo conseguirán confundirlo en el remedio y la sonrisa de las hinchadas ajenas.

El Real Madrid había encontrado un camino hacia el dominio por aplastamiento del fútbol europeo. Cuando nadie lo esperaba han aparecido unas grietas en su estructura. Es en momentos como estos cuando se añora una solución tan sencilla como la del rival. Un Barcelona en crisis solo tiene que encomendarse a Messi. Zizou aún no sabe qué botón apretar.

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