El sorteo de la nueva edición de la Copa del Rey en el que entran los equipos de Primera ya se ha celebrado y con él han llegado las ya tradicionales imágenes de celebración. Sí, suena raro porque el torneo no ha hecho más que comenzar, pero hay varios equipos que ya han ganado. Este año han sido el Fuenlabrada, el Murcia y el Elche, que serán los rivales de Madrid, Barcelona y Atlético, respectivamente.

Porque suena triste, pero para esto se ha quedado lo que debería ser un atractivo torneo para los equipos más modestos. Una oportunidad para mirar a la cara a los grandes y rozar la gloria en lugar de la forma de solucionar un año de presupuesto. Algo que sin dejar de ser importante es la enésima prueba de que algo está fallando en el fútbol español.

Porque el formato actual, por no tener no tiene ni un sorteo puro. Más allá de que prácticamente todas las eliminatorias se juegan a doble partido, algo que resta emoción, los emparejamientos pasan un filtro por el que los equipos de Segunda B se enfrentan a los conjuntos de Primera que participan en competición europea.

El resultado, y posiblemente también el objetivo de una organización que lo único que busca es el rendimiento económico, queda perfectamente reflejado en las últimas finales. Desde 2010 Barcelona, Madrid o Atlético siempre han estado presentes en el partido definitivo. Y en tres de esas últimas ocho ediciones el título se ha decidido entre alguno de los tres equipos.

Y es que a lo dirigido del torneo también hay que sumar la radicalización del propio fútbol español, con Barcelona y Real Madrid obligados a pelear por cada uno de los títulos. La Copa, en ocasiones despreciado por los grandes, se ha convertido en un torneo que puede salvar temporadas mediocres. Esto hace que incluso equipos de la máxima categoría se bajen del barco a las primeras de cambio si se ven en el mismo cuadro que alguno de los gigantes.