En una Liga española dominada en este inicio de temporada por el Barça y por Messi, el equipo que mejor ha sido capaz de aguantarle el ritmo es el nuevo Sevilla de Berizzo. El técnico argentino llegaba tras su buen hacer en el Celta con el reto de hacer crecer al conjunto andaluz tras el agridulce paso de Sampaoli. Y de momento lo está haciendo, aunque cimentando su éxito en algo a lo que nos tenía poco acostumbrados: la defensa.

Porque si algo había caracterizado la etapa del técnico desde su llegada a la Liga había sido su gusto por el buen juego de ataque, pero los problemas para tapar la portería propia. En sus dos últimas temporadas en el Celta terminó la temporada entre los diez equipos más goleados de Primera, encajando 59 y 69 tantos, respectivamente.

Al menos de momento, en el Sevilla esa tendencia ha dado un giro de 180 grados. Porque el cuadro de Nervión suma cinco victorias en siete jornadas, cierto, pero tan cierto como que en lo que va de campaña ha tirado más de pragmatismo que de brillantez. Suma nueve goles, poco más de uno por encuentro, y al equipo se le ve falto de fluidez en algunas fases de los partidos.

Pero el secreto está al otro lado del campo. Los cinco triunfos han tenido un factor común, portería a cero. Porque los de Berizzo, con la pólvora que tienen arriba, parecen ser conscientes de que si ponen el candado en su portería, alguna siempre van a tener. Como ejemplo los triunfos ante Las Palmas y Getafe, con goles más allá del minuto 80.

El único borrón lo tuvo ante el Atlético en el Metropolitano, donde encajó dos tantos y sumó la primera derrota del curso. Pero mientras la maquinaria de Berizzo se engrasa para ofrecer el gran juego que ya mostró en Balaídos, hacerse fuerte atrás le está permitiendo encaramarse a la parte alta de la clasificación en la Liga y, algo también importante, liderar su grupo de la Champions League tras haber arrancado ya un empate en Anfield Road.

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