Qué detalle de José Bordalás que, en aras de un corporativismo mal entendido, decidió facilitar una celebración feliz de Zinedine Zidane en su partido número 100 como entrenador del Real Madrid. El técnico del Getafe sucumbió a sus peores instintos y tras 83 minutos de auténtica yinkana para los visitantes, incómodos, molestos con el plan local, decidió ser generoso con los blancos y amedrentarse. Retiró a un centrocampista, Arambarri, para introducir a un central, Bruno, y formar una línea de cinco defensas. Dos minutos después el Real Madrid marcó el 1-2 de la victoria.

El gol generó varios datos importantes, más allá de los tres puntos del triunfo que permiten al actual campeón de Liga seguir con ilusión el partido entre el Atlético de Madrid y el Barcelona. Lo anotó Cristiano Ronaldo. Era su primer tanto en el torneo. Estamos en la jornada 8. Por mucho que el astro luso se pasase cuatro encuentros sancionado en el palco, la sequía era impropia de su talento goleador. Mediada la segunda parte había fallado un remate ridículamente fácil, a puerta vacía. Así se entiende su enfado en la celebración. Además, con el gol el Real sumaba 13 victorias consecutivas a domicilio, un récord de la competición.

Antes de todo eso, se vivió un partido caótico, a velocidad 2x. Si alguien lo ve en diferido podría pensar que pulsó el botón de reproducción rápida de su televisión por error. El Getafe, con una intensidad máxima, aceleró el ritmo y contagió a un Madrid que dejó a sus mejores batutas en el banquillo. Se jugó a empellones. Cuando eso sucede, triunfan los futbolistas con talento para la pausa. Ninguno como Benzema. El francés fue el que mejor jugó el primer tiempo y tuvo el premio de marcar el 0-1 al filo del descanso. También fue su primer gol de la campaña y uno que lo sitúa, atención, como séptimo goleador histórico del Real Madrid, empatado con la leyenda Gento a 182 tantos.

Ni la ventaja relajó al Madrid en un segundo tiempo peor jugado incluso que el primero. Cada robo de balón era una contra franca para los locales, desperdiciadas una tras otra por la escasa calidad de sus atacantes. Hasta que en el minuto 56 Jorge Molina remató una en posición dudosa pero no sancionada por el árbitro. Justo premio para el despliegue físico getafense, con un Djené imperial en el centro de la zaga.

El Madrid veía como se le escapaba (más aún) la Liga y se volcó (más aún) sobre la portería de Guaita y con menos sentido aún. Zidane vio que así no iba a soplar las cien velas y buscó en el banquillo donde se alojaban varios internacionales. Encontró a Isco. Otro futbolista dotado para la pausa.

El de Benalmádena oteó el embarullado panorama y aguardó a que se revelase una flaqueza. La tuvo Bordalás que, creyendo taparse con otro defensa, se descubrió ante el 22 blanco. Isco imaginó el momentáneo desajuste de una línea, la de la zaga azulona, que era de cuatro miembros y pasó a ser de cinco. Bruno, recién entrado en el campo, no supo sincronizarse con sus compañeros. Cristiano tiró un desmarque perpendicular a la meta y el andaluz le entregó un pase perfecto, entre los defensas, para ganar el partido.

Zidane estuvo a punto de estrellarse en su partido 100. “Es una victoria merecida y ya está”, dijo en sala prensa. Como si supiese que no lo era tanto.

No Hay Más Artículos