Muchas cosas han cambiado en el fútbol durante los últimos años. Una de ellas la condición de titular de los porteros. En otros tiempos sagrada, cada vez más los entrenadores optan por llevar también las rotaciones bajo palos para tener a todos sus guardametas contentos. El Deportivo está llevando esta inestabilidad bajo palos al extremo. Y por desgracia para ellos no es por repartir minutos, sino porque no hay un sólo meta que ponga sobre la mesa razones para mantener el puesto.

Porque Pepe Mel, entrenador del conjunto coruñés, utilizó en Eibar su cuarto portero en las ocho jornadas que se han disputado hasta el momento en La Liga española. El nigeriano Francis Uzoho debutó en Primera División a sus 18 años haciendo además historia, convirtiéndose en el extranjero más joven en estrenarse con el Depor en la máxima categoría del fútbol español.

No tuvo demasiado trabajo Francis, pero en sus pocas intervenciones demostró seguridad y confianza, confirmando las sensaciones que había dejado en pretemporada y manteniendo la portería a cero. Aterrizó en A Coruña en enero de 2016 y ha ido quemando etapas a una velocidad de vértigo. Pronto se hizo un fijo en el Juvenil A y ahora parece haber llegado para quedarse en el primer equipo, convirtiéndose en un halo de esperanza para el deportivismo.

Pero por más ilusionante que parezca el futuro, el triunfo de Francis no deja ser la derrota de los otros dos porteros profesionales a los que el joven ha adelantado por la derecha. Tyton y Pantilimon, ambos internacionales con Polonia y Rumanía, han tenido sus oportunidades pero en ningún momento han disipado las dudas sobre si su nivel podría ser de garantías para el conjunto gallego.

El Depor espera frenar la media esta media de un portero cada dos jornadas después de que Rubén, el primer guardameta que en meses había hecho méritos para quedarse con el puesto, se lesionase en un entrenamiento al recibir un pelotazo, en lo que sin duda es una señal más de la especie de maldición que atraviesa la portería blanquiazul.