Muy a su pesar, el Valencia se había convertido en un chascarrillo recurrente para los aficionados al fútbol en España (que no son del Valencia, claro). Nadie se alegraba de sus serios problemas económicos pero veían con cierta chanza la pasarela de personajes nocivos en la directiva, decisiones deportivas inexplicables, desfile de entrenadores y problemas de vestuario. Sumado eso a un nivel de exigencia fuera de la realidad tanto en su afición como en su prensa local (anclados en las épocas gloriosas de una final de Champions y dos títulos de Liga), daba como resultado en el Valencia vivía atrapado en su propio ciclo de autodestrucción. Hasta que llegaron Marcelino García Toral al banquillo y Gonçalo Guedes al campo.

El Valencia viene de golear 4-0 al Sevilla (ojo a Berizzo) y es segundo en la Liga, una de las historias más sorprendentes del campeonato español en su arranque. Nadie esperaba a este Valencia, como nadie esperaba a Guedes, el joven extremo portugués sensación de la Liga, estrella emergente que pocos veían venir. Cuando el club ché apostó por el veinteañero que el PSG compró a precio de oro al Benfica para una cesión ante el cupo del tridente parisino, parecía la típica apuesta que venía saliéndole regular tirando a mal al Valencia. Pero Guedes se ha convertido en una de las grandes estrellas del arranque de Liga. Ante el Sevilla hizo dos goles y dio una asistencia, partiendo desde la izquierda como suele para irse hacia dentro y completar el revitalizado ataque del Valencia.

Guedes está sorprendiendo por su verticalidad, su capacidad de asistir (el que más en la Liga) y sus golazos. Pero casi tanto como la irrupción inesperada del portugués sorprende el rendimiento de Rodrigo, el punta hispano brasileño que estaba de capa caída y sin justificar la fama que le precedía: ahora apunta a la selección española. En el remate está Zaza, cuestionadísimo delantero italiano, de carácter conflictivo por donde ha pasado, ignorado por su selección a pesar de la brillantez que ha encontrado esta temporada en el Valencia.

El 4-4-2 de Marcelino ha dado al Valencia un marco reglamentario en el campo que parece haber dado sentido no sólo al equipo en el verde, sino a nivel institucional. Desde la seriedad táctica de un entrenador que también tiene un carácter complicado en la derrota crece el Valencia, también con el talento del canterano Carlos Soler, otro mediapunta que llama a las puertas de la selección y que el club levantino corre el riesgo de perder (jugoso traspaso mediante para las arcas necesitadas) el próximo verano. “Vamos a seguir estando juntos y saber que esto acaba de empezar. Quedan 29 partidos por delante. Esto es muy largo, muy difícil, todos van a querer ganarnos. Esto es un maratón. Hay que subir 38 pasos de una escalera”, dijo Marcelino García Toral tras vencer al Sevilla. Mantener los pies en el suelo es tan importante para el Valencia como el talento de Guedes o la guía del asturiano.