En un fútbol moderno cada vez más dominado por los egos y las posturas radicales, encontrar personas normales resulta resulta más complicado. El fútbol español es un buen de ejemplo de ello, donde la rivalidad entre Madrid y Barça se lleva todos los focos y se analiza al milímetros cualquier detalle para tirárselo a la cara al rival. Por suerte todavía quedan excepciones, y precisamente en el caso de estos dos equipos, son sus entrenadores.

Ernesto Valverde todavía está conociendo lo que es estar en uno de los gigantes, “vengo del otro lado del muro”, decía hace poco, mientras que Zinedine Zidane, cuya carrera como técnico ha pasado de 0 a 100, continúa manteniendo la compostura pese a haberlo ganado casi todo en sus dos años y pico en el banquillo. Incluyendo como mérito haber dirigido al primer equipo que gana dos veces la Champions League desde su último cambio de formato

El pasado lunes el entrenador del Madrid recibía el premio ‘The Best’ al mejor entrenador del último año. El francés reaccionó con la normalidad que le caracteriza y con un discurso en el que daba las gracias a los jugadores y que apenas parecía preparado.

Pero su mejor respuesta la dio esta mañana en la previa al inicio de la Copa del Rey, precisamente el único título que todavía no ha conseguido como técnico, se le preguntó por el galardón y respondió así: “Yo este premio lo acepto. Hemos ganado muchas cosas con este equipo y al final estoy contento, no estoy ahí para decir que no me merezco eso. Me lo merezco, lo he cogido y muy bien. Pero la pregunta es si soy el mejor entrenador del mundo. Digo que no. Pienso que hay otros que son mejores y ya está. Si dentro de 10 años estoy entrenando y ganando, hablamos, pero de momento no. Lo que me importa es trabajar, disfrutar de lo que hago y nada más”.

“Pienso que hay otros entrenadores mejores y ya está. Si dentro de 10 años estoy entrenando y ganando, hablamos, pero de momento no”.

Hasta dando la sensación de sentirse incómodo. Zidane sabe perfectamente cuál es su papel en un equipo plagado de estrellas. Llegó como paracaidista en 2015 tras la salida de un Benítez al que se lo comió el vestuario blanco y desde entonces no ha parado de ganar desde la normalidad. Sin grandes alardes, sin ataques de entrenador y consciente de que su legendario pasado sobre el césped poco le servirá para la pizarra. Continúa liderando en segundo plano al que posiblemente sea el Madrid que mejor juega al fútbol en la última década.

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