Paco Alcácer es un comentario recurrente en el entorno de redes sociales y chascarrillos varios que rodean al Barcelona. Fichado por una auténtica millonada del Valencia hace un par de temporadas, el delantero apenas ha podido disfrutar de minutos, no ya continuidad en el Barça. Pero a poco que ha jugado, ha cumplido con lo que siempre ha hecho en la élite: marcar goles. El último ejemplo le permite al equipo azulgrana seguir acumulando victorias en la Liga española, un doblete ante el Sevilla que deja a los de Valverde con su cómoda ventaja en la clasificación una semana más.

Alcácer marcó dos goles decisivos, el primero tras asistencia de Luis Suárez y el segundo en el momento más complicado del partido, cuando el Sevilla había empatado y amenazaba dar la vuelta a un encuentro dominado casi en forma de monólogo por el Barcelona. El delantero valenciano culminaba una buena acción colectiva y firmaba un doblete, la misma fórmula goleadora  de su última vez hace más de medio año. Anotador de pedigrí contrastado en el Valencia y habitual de la selección española, Alcácer se vio taponado por la brillantez del tridente del Barcelona. El hecho de no jugar apenas, ser español y poco glamuroso y tener un perfil bajo en redes sociales le convirtió en un foco de críticas muy simples: qué malo es Alcácer.

Lo que se demuestra con el hecho de que un jugador que apenas ha podido participar salga de inicio ante un equipo de Champions como el Sevilla y sin ritmo de competición y un sistema poco habitual en el Barça (4-4-2 en rombo) haga dos goles decisivos es que es un tipo de calidad. Tienes que serlo para que un equipo como el Barça haga un fichaje importante. Aunque luego te use poco y a discreción. Alcácer probó con su instantánea producción que tienes que ser muy bueno hasta para ser muy suplente en el Barcelona.

El equipo de Valverde mejoró la imagen que mostró en Atenas en Champions y se sacudió los bostezos con un juego mucho más directo, con Iniesta y Messi tejiendo. Pero fue Paco Alcácer el que definió porque ni la Pulga ni el ya preocupante Luis Suárez pudieron hacerlo. “Tenemos que aprovechar las oportunidades que nos dan los entrenadores. Estoy contento por los goles pero más por el resultado. El delantero vive del gol. Tuve una racha negativa al principio y al final entran. Tienes que seguir trabajando y esperar las oportunidades“, dijo el atacante valenciano tras el encuentro ante el Sevilla, consciente de que en cuanto Dembélé se recupere, sus apariciones volverán a contarse con los dedos de la mano. Y seguirá siendo lo mismo de bueno que cuando le ficharon.

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