Aritz Aduriz tiene 36 años y juega de delantero centro en el Athletic Club de Bilbao. Y jugará. Acaba de renovar su contrato con el club vasco hasta el 30 de junio de 2019. Prolongan un año más su vínculo, estableciendo una cláusula de rescisión de 40 millones de euros. El jugador, satisfecho por un acuerdo exprés en el que no hubo casi nada que hablar, se mostró “muy agradecido al Athletic, al que considero casi mi familia”.

Su edad explica sus circunstancias: si no fuese por ella estaría jugando en cualquier otro equipo europeo con aspiraciones de títulos; si no hubiese seguido jugando hasta esta edad no habría alcanzado el nivel de excelencia que lo distingue como ariete. La asunción de que está en el tramo final de su carrera evita que otro club se interese por un goleador de élite en uno de los torneos más potentes del mundo. Pero es precisamente esa veteranía la que explica su explosión realizadora. Porque en La Liga hace cinco años que, además de Leo Messi y Cristiano Ronaldo, no hay otro delantero tan solvente como Aduriz.

El jugador donostiarra salió del viejo San Mamés para conocer la Segunda División en Valladolid, volvió a Nervión y se le abrieron las puertas del Mallorca, donde se destapó como goleador para la Primera. Lo fichó el Valencia con vistas a reforzar su ataque de cara a la Champions League. Y, cuando con 31 años lo llamaron de Bilbao, se asumió que iba a cumplir con la norma de irse apagando al calor de casa. Pero Aduriz dinamitó el puente seguro hacia la jubilación, que diría aquel anuncio de seguros.

Con el brío guerrero de siempre, pero con la pausa aprendida con los años, explotó como un rematador de área letal, interpretando como nadie el modo de concretar ese juego vigoroso y por momentos desbocado que caracteriza a los rojiblancos. De entre la vorágine creada por De Marcos, Iturraspe, Muniain o Williams, asomaba siempre Aduriz para ejecutar la acción que todo lo ordena en el fútbol: el gol.

En sus diez temporadas con la camiseta rojiblanca ha superado ya a otro mito del club como Gaínza. Con sus 154 goles es el octavo goleador histórico de los leones y el primero en competiciones europeas: 28 tantos, entre ellos los cinco que le marcó al Genk en un repóquer inolvidable.

Sus registros desde el regreso al Athletic Club son 18, 18, 26, 36 y 24 tantos por temporada. En la actual suma, contando la previa de Europa League, nueve tantos, cuatro de ellos para intentar mantener al equipo a flote en La Liga.

En San Mamés se viven días de incertidumbre. El equipo del Cuco Ziganda se ha caído al puesto 15 desde que perdió a su referencia, Iker Muniain. Aún resulta difícil definir qué clase de jugador es Iñaki Williams, pero sigue pareciéndose más a un agitador que a un creador o rematador. La nueva joya del equipo, el portero Kepa Arrizabalaga, podría acabar en el Real Madrid más pronto que tarde. Así que el club busca certezas. Los bilbaínos saben desde hace años que si un balón sobrevuela el área pequeña allí va a aparecer Aritz Aduriz para estrellarlo con violencia en el fondo de la red. Pasan los años y eso no cambia. Por eso lo renuevan: porque él envejece, pero sus goles no lo hacen.