Pongámonos messiánicos: Leo Messi jugará con el FC Barcelona hasta los 33 años de edad. El club difundió al fin la imagen del futbolista firmando la renovación con el único club que ha conocido como profesional, haciendo buena la palabra del presidente Josep María Bartomeu, cuestionado en pretemporada y ahora aliviado con los buenos resultados deportivos, el rendimiento de Paulinho y, por encima de todo, el compromiso del mejor jugador del mundo. Sostiene Bartomeu que el contrato ya estaba en vigor desde el pasado verano, que fue actualizado ahora para aumentar la cláusula, y que solo faltaba la foto. Quien quiera retratarse así con Messi antes de 2021 deberá pagar 700 millones de euros, la medida disuasoria anti-jeque tenista del PSG y anti-Premier asociada al nuevo vínculo.

Nada se sabe del salario que cobrará el astro, aunque algunos medios especulan con 30 o 40 millones de euros netos al año. Es el octavo contrato que firma Messi como culé, porque la fe hay que renovarla periódicamente y porque el rendimiento de La Pulga sigue aumentando año tras año, con nuevos registros que lo convierten en el sostén del mejor Barça de siempre. Horas antes de conocerse el nuevo contrato, recogía su cuarta Bota de Oro, otro elemento tangible para recordar que es el máximo goleador blaugrana y el máximo realizador de La Liga en toda la historia.

Leo, que se expresa mejor con la pelota que con la palabra, anotó un hat-trick de tópicos cuando le tocó manifestar su alegría por el nuevo contrato delante de los micrófonos: “Hacía tiempo que teníamos que hacer la firma y se hizo. Contento de seguir vinculado al club que es mi casa”; “quería seguir toda la vida acá, siempre dije que quería hacer toda mi carrera y terminar en el Barcelona era mi sueño”; “quiero seguir agrandando la vitrina del club y la personal de todos los jugadores”. Pim, pam, pum.

El dinero que invierte el Barcelona y el dinero que cobra Messi no invocan la idea prácticamente obsoleta del romanticismo en el fútbol, pero sí apelan al menos a un sentido de la responsabilidad histórica. Club y futbolista refrendan un legado compartido e interesado. La institución demuestra su voluntad de identificarse con el que puede ser el mejor jugador de todos los tiempos y este, del mismo modo, acepta que portar un único escudo, y más el de una entidad que tuvo y tendrá historia antes y después de él, lo emparenta con todas las épocas del juego.

Hace más de 600 partidos que Leo Messi no para de producir maravillas, encontrando siempre la manera de mantenerse él y a su equipo en la cumbre del fútbol. Los millones que va a pagar el Barcelona sufragan la esperanza, nunca defraudada hasta la fecha, de que eso permanezca así.

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