El FC Barcelona ha hecho granero para el invierno, con una ventaja inesperada en La Liga frente a los rivales por el título y la clasificación encarrilada para las eliminatorias de la Champions League, pero teme que lo destapen en primavera. El renovado Leo Messi basta para navegar con suficiencia en la competición doméstica hasta ahora, pero el juego del conjunto culé está perdiendo brillo y capacidad de desequilibrio en algunos de los últimos encuentros (empates contra Valencia, Juventus y Olympiakos). Ernesto Valverde echa de menos otra figura que facilite las vías hacia el gol. Dispuesto al rescate, entra en escena Ousmane Dembélé.

Es fácil olvidarse del extremo francés. Se lesionó en septiembre y no se le esperaba de vuelta hasta 2018, pero el liviano futbolista de 20 años tiene otros planes. Ha acelerado la recuperación de su lesión en el bíceps femoral y en el plazo de dos semanas podría estar entrenando ya con el resto de sus compañeros. Así lo confesó en el túnel de vestuarios del estadio de su antiguo equipo, el Rennes. Allí acudió para hacer el saque de honor del partido contra el Nantes de Claudio Ranieri. Por lo menos ya sabemos que es capaz de tocar el balón lo suficiente para que ruede.

Si Dembélé cumple sus previsiones estaría a disposición del entrenador para El Clásico que el Barça disputará en el Santiago Bernabéu el 23 de diciembre. Una victoria visitante apartaría casi definitivamente del título al Real Madrid.

Pero la ansiedad puede perder a Ousmane. Así lo piensa Jean-Michaël Seri, el mediocentro del Niza que, pudiendo ser su compañero en el Camp Nou, fue despreciado a última hora por la directiva del Barça en una marcha atrás del fichaje que causó extrañeza en verano. Quien sabe si molesto por ese traspaso frustado, Seri ha hecho bueno el refrán de “consejos vendo, para mí no tengo”. Atribuye la lesión muscular de Dembélé a la presión que el muchacho ejerció sobre el Borussia Dortmund para salir hacia Barcelona: “Esa no es la actitud que debes adoptar. Cuando no estás bien informado, tomas decisiones que no son correctas. Después de llegar al Barça, se rompió. Sin la presión que sufrió y la tensión que padeció, quizás nunca se habría lesionado”.

Más allá de las críticas de Seri, ahora la duda reside en si merece la pena urgir el regreso del fichaje más caro de la historia del Barcelona que, aunque no lo parezca, es este joven nacido en Vernon. Lo sensato sería comportarse de manera conservadora con un futbolista de más de 100 millones de euros, pero a nadie escapa el hecho de que el banquillo blaugrana está sembrando dudas. Deulofeu está decepcionando y dista de cumplir con la fantasía del retorno del hijo pródigo en la que se confiaba cuando lo recuperaron desde la Premier. Denís Suárez ha tenido momentos puntuales de brillo, pero parece más un recambio de Iniesta que un acompañante para Messi y Suárez. A Paco Alcácer le han asignado el papel de último recurso y acuden poco a él. De otros como André Gomes o Arda Turan no se espera otra cosa que una buena oferta para dejar hueco libre en e vestuario, quién sabe si a Mesut Özil.

El Barcelona puede temer, con razón, los cruces europeos con trasatlánticos como PSG o Manchester City, porque su fondo de armario es inferior al de sus rivales. Y sabe que en algún momento llegará la reacción del Real Madrid en Liga. Aplacarla antes de que se produzca, apostándolo todo al encuentro en feudo con blanco con el retorno de su fichaje más rutilante tal vez sea un riesgo que vale la pena correr.

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