Steve N’Zonzi se hace notar cuando está y cuando no está. Sus 196 centímetros de estatura, un cuerpo de portero patrullando el centro del campo, saltan a la vista en los partidos del Sevilla. Del mismo modo, cuando no juega se echa de menos su perfil inconfundible. Su fútbol, también, aunque el juego del francés no está siendo el que era la temporada pasada. El deterioro desde entonces ha sido tal que el pivote ya podría haber pisado por última vez el Sánchez Pizjuán. Y no se descarta que eso mismo fuese lo que él estaba buscando.

El sevillismo comenzó la temporada preocupado por la irregularidad de un equipo que aspiraba a consolidarse entre la nobleza de La Liga y de la Champions League, pero al que se le atragantó la transición entre dos técnicos argentinos: Jorge Sampaoli, que dio la espantada para dirigir a Messi en el Mundial, y Eduardo Berizzo, uno de los más aventajados discípulos de Marcelo Bielsa. La preocupación de la grada de Nervión se trasladó después a la enfermedad de su entrenador, que acaba de ser operado con éxito de un cáncer de próstata. Y ahora se preocupa por la situación de una de sus estrellas. N’Zonzi sumará este sábado tres partidos seguidos en los que se queda fuera de la convocatoria del conjunto hispalense por decisión técnica.

Al futbolista lo persiguen una serie de episodios de indisciplina que comenzaron con Unai Emery, siguieron con Sampaoli y concluyeron hace unas semanas con Berizzo. Tras la desastrosa primera parte de los hispalenses en Liverpool, el entrenador argentino sustituyó al centrocampista francés, que se duchó y marchó de los vestuarios mientras sus compañeros lograban un empate heroico en el segundo tiempo. Desde entonces, N’Zonzi quedó marcado para el Toto y para Marcucci, su ayudante y sustituto durante la ausencia por enfermedad.

Club y jugador están condenados a entenderse por el bien de ambos. El francés debutó recientemente con su selección y necesita minutos para demostrarle a Didier Deschamps que merece un puesto en la lista final del combinado del gallo para competir en el Mundial de Rusia 2018. Pensaba que esos minutos los iba a tener en la Premier League. Él que, llegó a Sevilla desde el Stoke City, creía que su gran temporada pasada le iba a granjear un contrato muy lucrativo en un club de primera fila inglés. Pero en el Pizjuán no están para saldos. Consideran que N’Zonzi tiene un precio del orden de 40 millones de euros.

En unas semanas abre el mercado de invierno. Si el club quiere hacer caja sin devaluar al futbolista, necesita ponerlo sobre el campo. Y si Steven quiere mostrarse, debe congraciarse primero con sus técnicos y compañeros. Es un dilema, pero Sevilla y N’Zonzi se necesitan para poder separarse.

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