Con el cambio de año veremos la prueba del algodón del FC Barcelona de Ernesto Valverde. En 2018 llegarán las eliminatorias de la Champions League (jugará en octavos contra el Chelsea) y comenzará la segunda vuelta de La Liga, los rivales crecerán en categoría y en urgencias y será entonces cuando descubramos si el Barça simplemente está contemporizando o es que su versión actual es la mejor que puede ofrecer. En partidos como el que los culés ganaron en Villarreal 0-2 parece que se dosifican, confiados en que no es necesario brillar por encima del oponente.

La fórmula está muy clara: llega con igualar al rival, sin necesidad de imponer la supuesta superioridad de un gigante del fútbol continental, y esperar a que el mejor futbolista del mundo y el que ahora mismo parece el mejor portero del mundo marquen la diferencia. Que es lo que sucedió en el Estadio de La Cerámica. Que Leo Messi y Ter Stegen bastaron.

El portero alemán detuvo cuanto generó el cuadro castellonense, mermado por bajas importantes pero nada timorato para intentar jugar en campo del Barça. Sucede que Valverde va encontrando remiendos inesperados para mantener la solidez defensiva blaugrana (solo siete goles encajados en toda la temporada, el mismo registro que el Atlético de Madrid). En ausencia de Umtiti y con Mascherano en la rampa de salida, el denostado belga Vermaelen encadena partidos que parecen justificar su fichaje hace tres años y medio. Al menos parece que sabe desempeñarse fuera de la enfermería también.

En el área opuesta Messi generó remates y asistencias de todo tipo. Algunos fueron a los postes (el Barça lleva 21 remates al palo esta temporada) y otros se perdieron cerca de la meta de Asenjo, un baluarte que el Villarreal recupera por fin tras una lesión de nueve meses. Como a este Barcelona le cuesta mantener la posesión a la manera de antaño (ayer jugó Denís Suárez en lugar de Iniesta y tuvo un paso discreto por el partido), Leo la distribuye veloz allí donde más daño puede hacer, casi siempre a la carrera de Jordi Alba. El lateral izquierdo es hoy por hoy el mejor socio del 10 y su asociación, pese a ser conocida, sigue resultando imparable.

Al Barcelona se le despejó el partido a falta de media hora cuando el canterano local Raba hizo una entrada dura a Sergio Busquets, siempre presto a amplificar esas situaciones. La expulsión sirvió para contener el arrojo del Villarreal. Valverde dio carrete a Paco Alcácer y este ayudó a engrasar a un Luis Suárez que sigue lejos de su mejor versión. El delantero suplente facilita los movimientos del titular, al que sirvió un pase de gol que el ariete uruguayo, esta vez sí, definió con calidad tras regatear al portero. Era el minuto 72 y solo quedaba saber cuándo iba a marcar Messi su gol. Fue en el 83′, tras una mala entrega de la defensa amarilla que Busquets convirtió en pase para el crack: el argentino desapareció entre dos defensas que chocaron entre ellos y, mano a mano ante Asenjo, sucedió lo inevitable.

El Barcelona no entusiasma, parece que sufre más de lo debido en los partidos, pero está resultando extraordinariamente solvente. No abruma, pero gana. Cuanto más vive cerca del filo, menos está perdiendo. Por el camino rehabilita a Vermaelen y Alcácer. Si a esta versión actual se le añade Dembélé y quién sabe si Coutinho o cualquier otro recambio de postín en el mercado de invierno que mejore las prestaciones de los suplentes sin remedio como Arda Turan, puede que el peor verano culé se convierta en la primavera más feliz.

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