Tiene mérito que Diego Pablo Simeone luzca hoy una pelambrera casi afro. Cuando se convirtió en entrenador del Atlético de Madrid hace seis años, un 23 de diciembre de 2011, asomó por el Aeropuerto de Barajas con el pelo muy corto y amagos de calvicie. La intensidad con la que se desenvuelve como entrenador, esa manía machacona y algo molesta del “partido a partido”, y algunos disgustos grandes como las finales perdidas en la Champions League deberían haberle causado suficiente estrés como para hacer mella en su cabellera. Que aún pueda usar peine y gomina en abundancia habla bien o de la mejora de la industria cosmética capilar, o de su carácter resistente para no dejarse llevar por los vaivenes en un club tan proclive al drama cotidiano que era conocido como El Pupas.

Anoche a Simeone se le cayó algún pelo, seguro. Sergio García marcó en el minuto 88 el tanto de la victoria del Espanyol, que se impuso 1-0 a los colchoneros en Cornellá. No era un partido cualquiera para el Atleti, que estaba segundo en la tabla y, en caso de victoria, podría sacar beneficio clasificatorio de cualquier resultado que se produjese en el Real Madrid-Barcelona de este sábado. Pero sucedió lo que ya hemos visto múltiples veces en estos seis años de “cholismo“. Convencido de que convertir en un grupo corajudo y esforzado a futbolistas de gran categoría es la única forma de competir frente a los dos grandes de La Liga, a los rojiblancos a veces se les olvida cómo imponerse a través del balón a equipos inferiores. Frente a los pericos, el Atleti perdió de la forma en la que acostumbra a ganar sus encuentros.

Se dice con frecuencia que El Cholo podría extraer un fútbol más atractivo de la plantilla que tiene. Pero en el año natural 2017 su equipo terminará con solo tres derrotas, el mejor registro de su sexenio. Desde que llegó para sustituir a Gregorio Manzano en el banquillo del ya abandonado Estadio Vicente Calderón, el Atlético ha logrado mantener su portería imbatida en cerca de 30 partidos por temporada. Por ese camino ha conseguido alzar una Liga, una Copa del Rey, una Supercopa de España, una UEFA Europa League y una Supercopa de Europa.

Las críticas arrecian sobre un equipo que falla en partidos asequibles para su potencial como el del Espanyol. Pero parece que Simeone sabe algo. Sí, la baja forma y la cabeza llena de pájaros de Griezmann han menguado el potencial realizador de un equipo que acumula delanteros (Gameiro, Torres, Vietto) poco resolutivos. ¿Pero qué pasaría si a un Atleti que solo pierde tres partidos en un año se le añade un delantero desequilibrante, que ya ha demostrado que sabe interpretar como nadie el plan de su técnico?

Simeone cumple seis años en el club y ya sabe qué le han comprado como regalo. No lo podrá abrir hasta el 1 de enero de 2018, pero imagina que la espera va a merecer mucho la pena y por eso sonríe. Diego Costa es la pieza que debería servir para encajar las piezas de un puzle que no fue capaz de montar a tiempo para salvarse de una vergonzante eliminación en la Champions League. Con el ariete brasileño listo para afilar su ataque, El Cholo se peina tranquilo.

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