Iago Aspas tomó carrera para golpear un lejano libre directo en el minuto 53 de partido en Riazor y sucedió lo inevitable. El balón entró porque iba bien golpeado, porque el Deportivo de La Coruña sigue teniendo un problema gordo en su portería, y porque el delantero del Celta de Vigo ya le ha cogido la medida a los derbis gallegos. Ayuda que sea, ya no solo el futbolista con más ganas de ganar ese partido concreto, sino también el mejor jugador de los 22 desplegados sobre el campo. Aquel gol, el segundo suyo, fue el 0-3 en campo de su rival más odiado, que acabaría siendo un 1-3 porque Florin Andone acertó un remate en el pobre arreón local para maquillar la humillación.

A Aspas le va mucho mejor que al Celta, pero él ya tiene casi todo cuanto precisa para ser feliz. El grupo que entrena Juan Carlos Unzué se conduce con irregularidad por La Liga y aún está algunos peldaños por debajo de aquel equipo eléctrico que pergeñó un Eduardo Berizzo al que añoran en Vigo y desprecian en Sevilla.

Nada le gustaría más al delantero de Moaña que levantar un trofeo para sacudirse esa memoria histórica con la que el deportivismo le responde cada vez que él le muestra, altanero, precioso y orgulloso, su escudo de la cruz de Santiago a la grada herculina. Iago quisiera para su club la misma altura que él ya ha alcanzado: ganador del Trofeo Zarra al máximo goleador español en la pasada temporada con 19 tantos, se ha buscado la compañía de Leo Messi y Luis Suárez, que mojaron frente al Real Madrid, en el podio anotador de la presente Liga.

De joven, al canterano celtiña criado en la época de mayor éxito del eterno rival se le atragantaban los encuentros de máxima rivalidad porque los jugaba sobreexcitado. Eso ya pasó a la historia. Iago Aspas ha anotado cinco goles en los tres últimos partidos frente al Dépor desde la solvencia del que se sabe mejor. Salió de Vigo para convivir en vestuarios de mayor exigencia, como los de Liverpool o Sevilla. No brilló en esos destinos, pero sí aprendió para regresar al Celta como santo y seña de una de las mejores épocas del club gallego.

Ya que Maxi Gómez no salió traspasado finalmente al fútbol chino, Aspas ha vuelto a acomodarse al perfil derecho de la vanguardia para cederle el centro al ariete uruguayo. Sin embargo, su inteligencia para interpretar el veloz ataque celeste le permitió aparecer por el medio del área para rematar el 0-2 y encauzar un partido que el Dépor había comenzado a regalar a los tres minutos. Aspas sabe combinar y desmarcarse como nadie. También es imaginativo frente a la portería. Todas ellas son capacidades que Julen Lopetegui ha sabido apreciar y que, salvo sorpresa, le van a valer al atacante gallego uno de los cotizadísimos puestos en la Selección Española que va a disputar el Mundial de Rusia 2018, si la FIFA no lo impide.

Ese es el nivel de Iago Aspas: uno de los mejores 25 futbolistas españoles. Un nivel superior al de su equipo. Sucede que a Iago no le interesa vestir otra camiseta. Le colma poder presumir con la del Celta en Riazor, como hizo anoche. Estas van a ser las navidades más felices de su vida.

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