Tipos de delanteros hay muchos, pero en última instancia el único delantero que importa es el que marca goles. Hay arietes que se diluyen con el paso de los años porque su capacidad realizadora dependía de su exuberancia física o de jugadas antaño imparables y que, cuando se ejecutan medio segundo más lentas, son un regalo para las defensas. Hay otros, los más sagaces, que aprenden con el paso del tiempo a entrenar el instinto: son los que conocen el paisaje del área; los que saben relajarse en ese territorio frenético del campo para aprovechar los nervios ajenos; los más capaces de predecir los rebotes de la pelota y las inercias de los rivales; los que adivinan siempre un espacio libre para definir entre el barullo. Para estos últimos no importa la edad. Por eso Rubén Castro, a sus 36 años, es recibido como un salvador en su regreso al Benito Villamarín.

El delantero canario, máximo goleador histórico del Betis, se marchó en julio a China. Jugó y rindió a las órdenes de Gregorio Manzano en el Guizhou Hengfeng Zicheng: siete goles y cuatro asistencias en once partidos. Puso un mundo de distancia entre él y sus problemas con la justicia, entre él y aquellos hinchas dispuestos a jalear la violencia machista. A 10.000 kilómetros de Sevilla conoció que un juzgado de lo penal lo absolvió del caso de supuesto maltrato a su expareja. Según la sentencia, «no quedó acreditado» que hubiese «empleado la violencia como método de imposición y sometimiento de la voluntad». Aquel exilio de conveniencia autoimpuesto en forma de cesión al fútbol asiático, termina hoy.

En el plazo de pocos días el Betis ha reforzado vínculos con dos tótems verdiblancos: recibe con los brazos abiertos a su veterano ariete tras renovar hasta 2020 al extremo y entertainer a tiempo parcial Joaquín, otro futbolista de 36 años. Tal vez La Liga haya rebajado sus revoluciones, tal vez se juegue con menor frenesí que competiciones como la Premier League, pero llama la atención que varios equipos con aspiraciones de crecer se hayan entregado a goleadores camino de la retirada. Rubén Castro tiene la misma edad que Aritz Aduriz, el intocable nueve del Athletic de Bilbao, renovado hasta 2019, y ha hecho un viaje similar al de Sergio García, que a sus 34 años regresó de Catar para volver a vestirse la camiseta del Espanyol y darle puntos.

En la competición española el gol es un asunto de know-how: se respeta el saber hacer antes que el potencial.

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