Corre por Barcelona la teoría de que el equipo azulgrana se va a reinventar tras este mes de enero. Ernesto Valverde puso los cimientos en estos primeros meses de temporada, dando sostén defensivo al Barça y exprimiendo al Messi más completo. Luego se fueron sumando piezas, sobre todo los goles de Luis Suárez y la inesperada aportación de Paulinho. Pero el juego culé no estaba a la altura de la excelencia de otras etapas y por encima, en cualquier caso, de los impecables resultados. Eso puede cambiar ahora, con la llegada de Coutinho y la recuperación de Dembele. Antes de todo eso, el Barcelona solventó la visita del correoso Levante (3-0) con dos armas que le han ayudado a salvar la falta de chispa en la creación: sus laterales.

Jordi Alba y Sergi Roberto dieron sendas asistencias de gol para Messi y Luis Suárez, respectivamente. Cuando el de Reus, pendiente de una cada vez más urgente renovación, juega en el costado derecho, es el mejor asistente para el charrúa. Cuando Messi se acuesta en ese lado, es el mejor socio para tocar la pelota y empezar sus eslalons. Con Alba, la Pulga tiene una relación tan especial que le permite tirar paredes imposibles, como la que produjo el 1-0 a los 12 minutos de juego. Los dos laterales han repartido 12 asistencias de gol entre ambos, con mucho la mejor cifra de una pareja de laterales en la Liga.

Alba y Sergi Roberto son más que eso ahora mismo para este Barça: son la vía de escape para el equipo de Valverde por la habilidad de uno para ampliar el campo con su velocidad y la capacidad del otro para asociarse igual de bien que un centrocampista y ser capaz, además, de conducciones de mucha calidad. Ante el Levante ayudaron a desatascar un partido en el que Ter Stegen tuvo, de nuevo, demasiado protagonismo para lo que se espera por la diferencia de potencial entre ambos clubes. Quizás tuviera algo que ver la aparición de un inseguro Mascherano, en el que pudo ser su último partido con la camiseta del Barça.

El Levante tuvo sus llegadas pero en el segundo tiempo el Barcelona durmió el partido y lo sentenció en el 90 con la enésima llegada de Paulinho al área rival. No hubo mucha historia más que ver al joven Arnaiz unos minutos de Liga tras sus goles en Copa del Rey. Y ahora, a esperar a Coutinho, y ver si el carísimo brasileño es capaz de lubricar el juego del Barça bien sea como sucesor de Iniesta jugando de interior, o como otro enganche, un nuevo playmaker como Messi arrancando desde un costado en el ataque.

“Nos puede aportar muchas cosas, en la construcción del juego, se relaciona bien con el gol. Puede jugar tanto por el interior como por el exterior. Esperamos ayudarle, que nos ayude y que nos aporte muchísimas cosas”, se relame Valverde con la llegada de Coutinho, un arma de doble filo porque con el ex del Liverpool la exigencia de un juego más vistoso puede llegar en cualquier momento.