Quizás en el Día de los Enamorados sepamos si se ha acabado definitivamente el romance entre el Real Madrid y Zinedine Zidane. El próximo 14 de febrero el París Saint-Germain visita el Santiago Bernabéu para jugar el encuentro de ida de los octavos de final de la Champions League. Si para entonces el Madrid sigue a una distancia sideral del líder de La Liga, Neymar Jr. podría rehabilitarse a ojos del barcelonismo. Una victoria del PSG serviría para instalar la crisis en los blancos pese que vienen de vivir una de las mejores temporadas de su legendaria historia.

Ahora mismo el club de Chamartín se deja llevar de decepción en decepción en el torneo doméstico. Un fiasco europeo dinamitaría la etapa Zizou, que en agosto inspiraba cantares de gesta y en este mes de enero solo convoca crónicas catastrofistas. Como esta que sigue a continuación del empate 2-2 frente al Celta en Balaídos.

El Madrid jugó en Vigo como si ya hubiese perdido La Liga. Tanto se empeña en creerlo que al final habrá que darle la razón . El punto sumado se queda corto frente a los tres que ganó el Barcelona ante el Levante. La ventaja en la tabla es ya de 16 puntos para los blaugrana, que los vigentes campeones pueden recortar a 13 si ganan su encuentro pendiente contra el Leganés. No parece que este dato importe demasiado ya. Cuando restaban diez minutos de partido y aún ganaban 1-2, los delanteros y centrocampistas merengues decidieron traicionar a sus compañeros de la defensa y exponerlos una y otra vez al contraataque del Celta. Ninguna carrera hacia atrás entorpecía a las flechas gallegas. Maxi Gómez marcó el empate rematando completamente solo y de cabeza en el centro del área blanca sin una sola camiseta rival en su campo de visión. Una imagen sonrojante que encenderá los ánimos del madridismo.

Antes, el Real se había tragado el anzuelo celeste. El Celta es un equipo que compite bien frente a los grandes, como comprobó el Barça en la Copa del Rey. Pese a contar con medios más modestos, los vigueses proponen algo parecido al intercambio de golpes. Ceban a los rivales para que se vuelquen sobre su área y en cuanto recuperan la pelota organizan fulgurantes jugadas de dos para dos o tres para tres. O de uno para ninguno. Daniel Wass se plantó solo ante Keylor Navas en el minuto 33 y lo batió con una preciosa vaselina.

A Balaídos no le había dado ni tiempo a cantar la primera estrofa de “A Rianxeira” cuando llegó el empate. Lo marcó Gareth Bale, titular en el lado izquierdo del ataque. Kroos hizo un eslalon y sirvió un balón corrido para el galés, el escenario donde es imparable. Alcanzó la pelota antes que su defensor y la cruzó delante del meta rival. Dos minutos después fue Isco quien lo encontró al borde del área y del fuera de juego para remontar el partido. El Real Madrid se vio con ventaja y se dejó llevar.

En la segunda parte el equipo local hizo cuanto pudo para empatar. Iago Aspas, manteniendo su estado de gracia, provocó un penalti. Cuando lo fue a lanzar no sabía que iba a ser el primero errado de su carrera. Lo paró Keylor Navas adelantándose más de los debido. El costarricense debe aprovechar cualquier oportunidad para reivindicarse, ahora que el club insiste en fichar a Kepa Arrizabalaga para amenazar su titularidad aunque Zidane no esté por la labor. Lo que no pudo para Keylor fue la desidia defensiva de sus compañeros ante Maxi Gómez en el minuto 82. Tampoco puede parar el Real Madrid su caída en La Liga, donde es cuarto clasificado tras ganar nueve veces y no ganar casi otras tantas (cinco empates y tres derrotas). Piensa el grupo blanco que siempre le quedará París. Pero si falla en Europa, ya no le quedará nada.

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