Messi para Jordi Alba, Jordi Alba para Messi. Así se puede resumir el pase del Barcelona a octavos de final de la Copa del Rey. Un resumen que seguramente no duraría mucho menos de los que tardaron los dos zurdos en deshacerse del Celta en el Camp Nou. Como si de Bill Murray se tratase, el conjunto vigués se vio atrapado en el Día de la Marmota con dos tantos idénticos en apenas un cuarto de hora. Asistencia del español y remate del argentino. Tan previsible, tan inevitable.

Y eso que Aspas y compañía llegaban con la moral por las nubes en este encuentro. En la última semana se habían medido al Barça, ante el que ya puntuaran en diciembre, en la ida y al Madrid en La Liga mirándolos de igual a igual y arrancando sendos empates. Si bien es cierto que en el encuentro de Balaídos ante los culés no jugaron ninguno de sus dos verdugos de hoy y en su lugar lo hicieron Digne y Arnaiz. No es lo mismo.

Valverde no quiso sorpresas esta vez y salió prácticamente con todo, sumando los refuerzos de Luis Suárez, Busquets e Iniesta a mayores. Y el Barcelona logró resolver el encuentro sin que su rival apenas tuviese tiempo de reponerse a cada golpe. Porque antes de la media hora llegaron otros dos tantos. El tercero fue de Jordi Alba, que tras el enésimo pase de Messi decidió darse un homenaje propio finalizando él mismo. El español, relegado a un segundo plano mientras Neymar monopolizaba la banda zurda y defenestrado por Luis Enrique, ha recuperado su mejor nivel tras la marcha del Brasileño.

El cuarto fue obra de Luis Suárez. Porque en un conjunto azulgrana en el que todo funciona, hasta el uruguayo ha cogido carrerilla después de un inicio de campeonato lastrado por su falta de acierto. Ante el Celta marcó por quinto encuentro consecutivo. Fue su sexto gol desde el 10 de diciembre y seguro que una gran noticia para el Txingurri, cuyo mayor problema que se le presenta en el horizonte para las próximas semanas es averiguar cómo hacerle sitio a Coutinho, 160 millones y varios meses de negociaciones después.

La segunda parte apenas tuvo historia. Unzué decidió tirar la toalla y guardar fuerzas para el fin de semana retirando a Aspas y Valverde aprovechó para seguir rodando a Dembélé, que dejó varios destellos interesantes y participó en el gol que cerró el encuentro y la eliminatoria, obra de Rakitic.

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