No podemos descartar la posibilidad de que cuando Cristiano Ronaldo se miró en la pantalla del móvil para apreciar la herida que recibió en la cara (la estampa más memorable de la estrepitosa goleada de Real Madrid al Deportivo de La Coruña), la imagen que se le apareció fuese la de Leo Messi, ese reflejo inalcanzable para cualquier futbolista actual. Pocas horas después de que el fenómeno portugués acabase con su sequía goleadora, el astro argentino demostró que, a los 30 años de edad, de su fuente no dejan de manar nuevas maravillas. Cuando ya se ha secado la tinta de las crónicas que relatan el triunfo 0-5 del FC Barcelona en el campo del Real Betis, aún permanecen abiertas las bocas de quienes contemplaron a La Pulga convertirse en anguila entre tres defensores verdiblancos que terminaron con las caderas dislocadas. “Ya no sabemos ni qué decir de Messi…”, resumió Joaquín, el capitán de los andaluces, al terminar el encuentro.

Más desapercibido que el festival de regates, o que los dos goles que anotó, pasó la jugada de Lionel que acabó con la asistencia para que Luis Suárez, autor de 100 tantos en 115 partidos disputados en La Liga, marcase el quinto gol. En las repeticiones de esa acción del 10 del Barça, su ya clásica progresión en diagonal desde la banda derecha hacia el corazón del área rival, se advierte un Messi furibundo, pleno de fuerza y potencia, al que tres rivales más fuertes y más grandes que él persiguen sin poder alcanzar o derribar. Aunque se prodiga menos que antes en esas imparables arrancadas individuales, es como si de vez en cuando quisiese recordarnos que en el Messi de 30 años aún vive aquel ciclón de 20 años.

Pero estamos contando el final del partido. El principio habló bien del Betis de Quique Setién, otro de esos equipos que, como la Real Sociedad de la jornada anterior, quieren jugarle de frente al Barcelona. Son equipos que funcionan mejor con el balón en los pies y, aunque les faltó algo más de mordiente arriba, los verdiblancos se defendieron de forma óptima desde la posesión de la pelota. La primera mitad acabó con empate a ceros y la lesión de Thomas Vermaelen, que preocupa menos ahora que los culés han fichado recambios para la defensa. Ocurrió, como viene pasando toda esta temporada, que el equipo de Ernesto Valverde sabe gestionar mejor los nervios propios y jugar con los ajenos, dispuesto a penalizar cualquier imprecisión. La tuvo el Betis en el minuto 59, cuando se envalentonó sin cuidar su espalda. Un pase sencillo de Luis Suárez permitió a Rakitic correr con todo el campo libre para abrir el marcador.

Con ese gol se decidió el encuentro. Los jugadores béticos comenzaron a actuar con prisas y a fallar los pases que antes no erraban. En cada uno de esos despistes los castigó el Barcelona, por dos veces Messi, por dos veces Suárez. La última media hora transcurrió a mayor gloria del argentino que, como si quisiese homenajear a su amigo Ronaldinho en la semana de su retirada, brindó un espectáculo para propios y ajenos.

El Barça es líder con 11 puntos de ventaja sobre el Atlético de Madrid y de Messi “ya no sabemos ni qué decir…”.

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