Zinedine Zidane ya ha conseguido lo que quería, o mejor dicho, ya no tiene lo que no quería. El entrenador del Real Madrid quería mantener su plantilla intacta y, sobre todo, no quería que Florentino Pérez fichase un portero que amenazase la titularidad del costarricense Keylor Navas. Pese a las informaciones reiteradas de la prensa madrileña y madridista que anunciaban la contratación inminente del joven cancerbero vasco Kepa Arrizabalaga, las igualmente reiteradas negativas de Zidane a la incorporación han propiciado un titular de prensa muy diferente al habitual cuando el club blanco fija un objetivo de mercado: Kepa ha renovado su contrato con el Athletic Club de Bilbao hasta 2025.

Tras firmar su nuevo contrato, con la consiguiente subida de cláusula a 80 millones de euros, el muchacho disimuló como pudo su flirteo con el Madrid, al que Kepa no citó: “La negociación ha sido prolongada. Los que están cerca de mí y más me conocen saben que soy de pensar mucho las cosas y analizar todo muy bien antes de tomar una decisión. Estoy agradecido al club porque ha respetado mis tiempos. Desde el 1 de enero era libre para negociar con otros equipos y aunque ha habido propuestas he creído que seguir aquí era lo mejor”.

Tras este episodio queda claro que algo extraño sucede alrededor de la portería del Real Madrid desde la salida de Iker Casillas. Existe la sensación en la cúpula merengue de que un puesto tan estable en el club más laureado del mundo debería pertenecer a una figura de talla mundial, condición que no le otorgan a Navas pese al estatus adquirido con su selección en la última Copa del Mundo. Por eso intentaron el fichaje de David De Gea para relevar al tico, una operación convertida en tragicomedia a causa del fallo de un fax que impidió certificar la contratación antes de la clausura del mercado. Ahora De Gea semeja inamovible del Manchester United, donde es la figura más fiable del grupo de José Mourinho.

Y sin embargo Pérez y sus susurradores advirtieron la oportunidad de contratar al emergente Arrizabalaga, de tan solo 23 años, a precio de saldo, 20 millones de euros. En principio podría desplazar al suplente Kiko Casilla, para seguidamente amenazar la titularidad de Keylor Navas. Pero Zidane mandó parar sin que se sepa muy bien por qué. Resulta casi inaudito que bajo el mandato de Florentino y en un club de la dimensión mercadotécnica del Madrid un entrenador pueda dictar la política de contrataciones. Más aún cuando los fichajes tienen, más allá del valor deportivo, un valor estratégico en un escenario mediatizado por el bolsillo sin fondo de grandes fortunas árabes, chinas y rusas dispuestas a invertir en clubes de fútbol.

El Madrid ya dejó escapar en verano a la perla Mbappé  y se está conteniendo en el mercado de invierno pese a la crisis de resultados que la goleada infligida al Deportivo apenas puede maquillar. Kepa, de quien se dice que llegó a pasar reconocimiento médico con los blancos, ahora debe ocuparse de restañar la dañada confianza de la afición bilbaína, que veía en él un ídolo local para muchos años y por momentos intuyó a un traidor. También debe trabajar para curarse de una lesión y recuperar la titularidad perdida ante Iago Herrerín.

A todos les quedan dudas que resolver. A todos menos a Zinedine Zidane, que ha impuesto su voluntad. Sus porteros seguirán siendo Keylor Navas y Kiko Casilla. Ah, y también un muchacho que aspira a alternar el filial con el primer equipo y que se llama, mira tú qué casualidad, Luca Zidane.