Para el éxito de un relato siempre ayuda un buen arranque. Philippe Coutinho comenzó a escribir su historia en el Barcelona y quiso elegir bien el primer paso. Saltó al campo en el minuto 68 sustituyendo a Andrés Iniesta, una imagen que adelanta la transición que está por llegar. Lo hizo vistiendo el número 14 en la espalda, el número de Johann Cruyff, y hasta ayer mismo el número de Javier Mascherano, que deja Can Barça para buscar la fortuna en China. Cuando recibió por vez primera el balón levantó la cabeza y buscó inmediatamente a Leo Messi. Su pase de debut como culé tenía que ser para quien lo asombró cuando aún era un meritorio en el fútbol europeo vistiendo la camiseta de su rival de hoy. El argentino devolvió el balón al brasileño en una jugada intrascendente en la banda izquierda, que nada importó para el 2-0 sobre el Espanyol que clasificó a los blaugrana para las semifinales de la Copa del Rey. Pero que sí importó para Coutinho.

El partido se giró pronto para la celebración de una fiesta culé que al cabo no resultó tal. El juego fue tan acelerado como la frenética jugada del 1-0 en el minuto 9, en la que Aleix Vidal (ocupó la banda derecha del ataque) sirvió un balón para que Luis Suarez rematase en carrera de cabeza con tal empuje que casi acaba él también dentro de la red. El Barça tenía ganas de preparar el terreno para el estreno de su nueva estrella brasileña de 160 millones de euros, así que tras igualar la ventaja que el Espanyol traía del encuentro de ida, intentó resolver cuanto antes la eliminatoria. Acumuló ocasiones y empujó a los pericos hacia su propia área gracias al dinamismo de ese replicante de Blade Runner que parece el croata de cabello oxigenado Ivan Rakitic.

El que acabó acertando con el gol fue, casi huelga decirlo, Leo Messi. Su tiro desde la frontal del área en el minuto 25 rozó lo suficiente en un defensa para vencer los reflejos de Pau López, el portero visitante que estuvo excelente durante toda la noche. Se entiende que el cancerbero espanyolista esté demorando su renovación y entretenga ofertas de varios equipos (se habla incluso de la Juventus de Turín, que busca un nuevo Buffon). Realizó varias intervenciones de gran dificultad, incluyendo una doble parada ante sendos remates a quemarropa de Suárez y Rakitic en una misma jugada. Pero a él y a todos sus compañeros se impuso Messi, que no cesa de imponerse a cualquier registro.

El segundo tiempo no fue tan cómodo para los locales como hacía presagiar el primero. Quique Sánchez Flores gusta de proponer partidos muy incómodos para sus rivales, y el esfuerzo del Espanyol forzó múltiples imprecisiones en la continuación. A los de Cornellá les bastaba con un gol para llevarse la eliminatoria, aunque solo estuvieron cerca de lograrlo en un posible penalti en la línea del área de Jordi Alba sobre Gerard Moreno que el árbitro Mateu Lahoz no señaló. El colegiado, de hecho, se inhibió en un montón de acciones que requerían de amonestación, especialmente cuando los defensas pericos comenzaron a frenar al escurridizo Messi a base de faltas.

Así que en esas debutó Coutinho. Entró por Iniesta, decíamos, lo que no es baladí para quienes apuntan que el ex del Liverpool llega para relevar paulatinamente a uno de los últimos tótems del mejor Barcelona de la historia. Pero la eliminatoria seguía en el alero, así que el encuentro continuó siendo nervioso y trabado, difícil para un debutante. Casi no hubo noticias de Philippe. Tampoco hicieron falta. Messi estrelló un remate de cabeza en el poste en los últimos minutos pero, en su estado de gracia actual, todos en el Camp Nou pensaban que si realmente hubiese sido necesario el gol, entonces lo hubiese metido.

Mientras Coutinho se pone en forma, el Barça sigue en las mejores manos.

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