Será en el Día de los Enamorados cuando sepamos definitivamente si a Zinedine Zidane y al Real Madrid se les rompió el amor de tanto usarlo, como cantaba Rocío Jurado. El 14 de febrero el París Saint-Germain de Neymar Jr. visita el Santiago Bernabéu en el partido de ida de los octavos de final de la Champions League. Una derrota acabaría por girar completamente la mueca del madridismo, que era de felicidad hasta hace unos pocos meses gracias a los cinco títulos ganados en 2017, y que ahora mismo es de un enfado casi irremediable. Porque el club blanco debe imponerse al PSG en un momento en el que no es capaz siquiera de derrotar al modesto Levante: empató 2-2 en el estadio Ciutat de València.

El partido fue loco hacia el final, pero durante largas fases estuvo completamente a merced del Madrid. Cualquiera de esos escenarios, el intercambio de golpes o el del dominio absoluto, favorecería en circunstancias normales al campeón de Europa. Pero lo del Real hace tiempo que forma parte de una temporada de Stranger Things. De otra forma no se entiende que con un gol de Sergio Ramos a los once minutos los de Zizou no sometiesen a su rival. Pero un despiste y una contra fugaz (como contra el Betis, como contra el Villarreal, como tantas veces esta temporada), permitió el gol del Levante camino del descanso.

En el minuto 81 marcó Isco (que había sustituido a Bale) el 1-2 e ipso facto Cristiano Ronaldo se fue al banquillo, como si aquello fuese el colorín, colorado, este cuento se ha acabado de Zidane. Pero no se acabó. El debutante Pazzini recogió un pase maravilloso de Jason Remeseiro en el minuto 89, marcó el empate final y lo celebró haciendo un gesto parecido a un cunnilingus, por si el encuentro necesitase aún más extrañeza.

“¿Le preocupa la falta de regularidad”, le preguntaron al entrenador del Madrid en la rueda de prensa. “No, y no estoy preocupado. Estamos disgustados con el resultado que estaba a nuestro favor y que no conseguimos la victoria hoy”, respondió, incapaz una semana más de dar una respuesta a los males del equipo. “No es normal estar a esta distancia del Barça, algo hemos hecho bastante mal”, se resignó el capitán Sergio Ramos cuando le señalaron que podrían acabar la jornada a 21 puntos del líder si el Barcelona gana el derbi frente al Espanyol.

La mejor noticia para el vigente campeón de La Liga es que Villarreal y Sevilla, sus rivales por el cuarto puesto de la clasificación, perdieron sus partidos. Mientras la amenaza de Neymar aparece por el horizonte, el vestuario no sabe decir qué es ese “algo” que hacen mal y el entrenador no está preocupado. Normalizar la decepción es algo que jamás se había visto en el Real Madrid.