A menudo el fútbol es más previsible de lo que parece. Tras toda la polémica de las últimas semanas entre Gerard Piqué y el Espanyol (resumimos: la afición perica hace tiempo que insulta insistentemente a Piqué, máximo símbolo culé, y a su mujer, la cantante Shakira; en respuesta, el central se refiere a su rival como Espanyol de Cornellá, la localidad donde está su estadio, y no Espanyol de Barcelona, detalle que enciende los ánimos de los blanquiazules más exaltados), de alguna forma estaba escrito que si el Barça marcaba en el derbi de la ciudad condal, sería mediante el blanco de las iras locales. De Piqué fue el tanto del empate 1-1 en el minuto 82′ que permite a los de Ernesto Valverde mantenerse invictos al frente de La Liga.

Antes de eso no hubo mucho que reseñar en un partido navegado más que jugado. La principal noticia estaba en las alineaciones. Messi era suplente, Alcácer titular, y Coutinho jugaría de inicio, tirado a la izquierda del ataque, junto a Iniesta. La lluvia arreció sobre el estadio del Espanyol y encharcó el césped, lo que no debería haber importunado al experico y ahora estrella blaugrana, Coutinho, traído de Liverpool, donde el cielo es siempre más gris que azul. Pero los campos de la Premier League, acostumbrados a los aguaceros, drenan más rápido que los españoles. Se esbozaron muchas jugadas que no llegaron a nada. La mejor en toda la primera parte, una del brasileño: un disparo combado que se estrelló contra la madera de la meta de Diego López con violencia. Su compatriota Leo Baptistao probó los guantes de Ter Stegen en la otra portería. El resultado de los dos tiros: agua, cómo no.

Valverde gritó el número de Leo Messi cuando faltaba media hora de partido. El argentino entró bajo una cortina de agua. Víctor Sánchez lo recibió con una tarascada para que se zambullese en la piscina de Cornellá y La Pulga salió deslizándose fuera del campo en el que acababa de entrar. Poco después sucedió lo contrario a lo esperado con la presencia de Messi: marcó el Espanyol. Sergio García, siempre dañino, colocó un centro maravilloso entre los dos centrales del Barça, justo en la frente de un Gerard Moreno que entraba a la carrera: 1-0 en el minuto 66′.

Los de Quique Sánchez Flores se le atragantaron al Barcelona como en la ida de los cuartos de final de la Copa del Rey, cuando se llevaron el triunfo. Parecía que podían repetir la hazaña. Pero una falta lateral, una jugada en la que la lluvia ya no importunaba tanto, la usó Messi para poner el balón franco para el cabezazo de Piqué. Gol y celebración exultante o insultante, según el parecer de cada cual. El defensa barcelonista se giró hacia la grada, la mandó callar y se cobró venganza de los insultos recibidos. Al espanyolista Moreno no le pareció bien. Buscó al defensa y le hizo una falta dura. Se armó una tángana. Se cruzaron insultos y empujones. El árbitro pitó el final porque ni siquiera la lluvia parecía enfriar los ánimos.