Riazor y Clarence Seedorf ya se conocen. El recuerdo que el futbolista nacido en Surinam tiene del estadio del Deportivo de La Coruña no es el mejor. El que los aficionados del Dépor tienen de aquel poderoso centrocampista, ganador de la Champions League en tres clubes diferentes, sí. A Seedorf lo recuerdan totalmente desquiciado por la superioridad de Mauro Silva en cada visita del Real Madrid campeón de La Séptima al campo gallego. También lo vieron caer vestido de rossonero en aquella remontada con triunfo local 4-0 sobre el Milan que aún hoy es una de las páginas más emocionantes de la Copa de Europa. Riazor y Seedorf ya se conocían y se van a conocer mejor. El internacional holandés va a ser el nuevo entrenador del Dépor.

Riazor y Clarence Seedorf deben redescubrirse porque nada saben el uno del otro desde que el jugador se convirtió en entrenador. Hace tiempo que entrenar en A Coruña es complicado: el club da bandazos, cambiando de técnico sin que ninguno sea capaz de exprimir el talento que se le supone a una plantilla que cuenta con argumentos tan poderosos en ataque (Lucas Pérez, Florin Andone, Adrián López) como pobres en defensa, donde se ha vivido un baile de porteros grotesco a lo largo de la temporada. Tras la salida de Pepe Mel, asumió el mando el técnico del filial, Cristóbal Parralo, que no logró mejorar los resultados y se condenó con una debacle absoluta frente a la Real Sociedad. Tan lamentable fue el partido que Cristóbal acabó destituido apenas 48 horas después de que el presidente del club, Tino Fernández, proclamase que el puesto del técnico no peligraba “pasase lo que pasase”.

Con el equipo a la deriva, el Deportivo reclamó el auxilio de una figura totémica de los primeros años 90, el uruguayo Martín Lasarte, cuyo arrojo como defensa era muy apreciado por la grada. Su negativa a asumir el cargo dejó a la directiva a la intemperie, buscando a un técnico capaz de asumir un reto: lograr la permanencia de los coruñeses (puesto 18 de La Liga, a tres de la salvación, equipo más goleado del torneo -51 tantos encajados-) con 17 partidos y un modesto salario a su disposición. Seedorf, que conoció la dificultad de la empresa viendo la demolición de los blanquiazules 7-1 en el Santiago Bernabéu hace dos semanas, dijo sí.

Pese a todo el aura de gran figura del fútbol europeo que lo rodea, pese a la vida de rock’n’roll star que relatan sus redes sociales (ora una visita a Robbie Williams en Los Ángeles, ora un desfile de Dior, ora un acto de la FIFA), Clarence no tenía quien lo quisiese. Entrenó durante una vuelta a su querido AC Milan hace cuatro años con buenos resultados (11 victorias, dos empates, seis derrotas), pero desde ahí solo se entretuvo con una breve experiencia en la segunda división del fútbol chino. De su paso por el banquillo de San Siro contaba hace unos meses en El País que recuperó al vestuario “quitándoles la presión y la ansiedad que los jugadores de un gran club sufren cuando los resultados no son buenos. Para que se sintieran libres. Cuando uno se siente libre juega mejor”.

El caso es que Seedorf llega ahora a un club modesto que ya abandonó la época más gloriosa de su historia. Este Deportivo no es aquel que se medía en Europa con los equipos del Clarence futbolista. E imagina sin duda lo que la gente piensa de él y de su currículo como entrenador. En aquella entrevista decía: “Ha habido clubes interesados pero siempre se acaba hablando de mi falta de experiencia. Parece una canción que todo el mundo canta. Es una lástima porque tenemos tantos casos de gente sin experiencia que están haciendo maravillas precisamente porque han podido utilizar su experiencia de jugador con inteligencia y con la capacidad de adaptarse y aprender rápido”. Y después citaba los estrenos de Zidane, de Guardiola, de Sacchi, de Capello, de Rijkaard

Riazor necesita que Seedorf, que fue discípulo de Van Gaal, de Eriksson, de Heynckes y de tantos otros grandes preparadores, rinda a la misma altura de esos ejemplos que él cita. Solo así la afición coruñesa y el holandés podrán decir que están encantados de haberse conocido.

 

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