En el mercado de invierno el Barcelona incorporó a Philippe Coutinho y Yerry Mina. El Getafe, pese a los cantos de sirena del fútbol inglés, pudo conservar a su portero Vicente Guaita. En el sorprendente empate 0-0 en el Camp Nou pesó más lo segundo que lo primero. Porque ni el futbolista más caro en la historia del fútbol español, formando de inicio en el triunvirato del centro del campo culé, encontró el hilo del partido; ni el central colombiano, el primer cafetero en vestir la blaugrana, pudo superar al guardameta de los madrileños en los varios remates de cabeza que intentó desde la atalaya de su enorme envergadura. Al cabo, lo más importante del partido fue el gol de Antoine Griezmann en Málaga anotado un día antes. La pírrica victoria del Atlético de Madrid en campo del colista acabó acercando a los colchoneros a siete puntos del Barça en la clasificación. Ese triunfo, sumado al empate catalán, hace que en el fonendoscopio que ausculta la lucha por el título de La Liga se haya escuchado un débil latido.

El Barcelona, quizás algo despistado por el esfuerzo de la Copa y la inminencia de la Champions League (“nos ha faltado algo de frescura”, confesaría después del partido Valverde), no tuvo juego para someter al enajenado grupo de Bordalás. El entrenador del Getafe ha edificado un culto alrededor de su idea de fútbol esforzado y solidario, en la que sus jugadores creen ciegamente y por la que se aplican con denuedo. Arambarri, Fajr o Damián son tipos trabajadores que sudan cuanto haga falta para que Amath, Shibasaki o Ángel conserven piernas para amenazar al rival. Que fue más o menos lo que pasó en un primer tiempo que obligó al Barça a mirar hacia su retaguardia más de lo previsto. Mientras Coutinho intentó un par de sus característicos tiros combados sin éxito, y Leo Messi era incapaz de encontrar a Luis Suárez, los getafenses sumaron ocasiones suficientes a la contra y a balón parado durante los 90 minutos para que el empate pasase de sorpresa a merecimiento.

Ernesto Valverde actuó tras el descanso. Introdujo fútbol entre líneas dando entrada a Iniesta por Coutinho y despejó el panorama del ataque ensanchando el campo con Dembélé. Los blaugrana descubrieron espacios y a Messi se le abrieron caminos nuevos. Pero cada vez que lograron superar a la zaga visitante apareció Guaita para echar el cerrojo. En el área local se despistó Ter Stegen y regaló un remate a puerta vacía a Shibasaki que el japonés envió fuera desde unos 25 metros. Todo estaba resultando más igualado de lo que cabía esperar y así lo explicó el marcador cuando el árbitro pitó el final.

El Barcelona continúa invicto y en cabeza de la tabla clasificatoria, pero acumula otro nuevo empate tras el de la jornada anterior en el derbi catalán. Esos cuatro puntos perdidos por el camino los ha recogido el Atlético del Cholo Simeone, una versión millennial del Arsenal one-nil que gana partidos 1-0 y acumula reproches por lo rácano de su fútbol, sí, pero que al mismo tiempo solo lleva una derrota en toda la temporada y no tiene otro título por el que competir o con el que distraerse. Dicho de otro modo: los líderes pincharon hoy una rueda y cuando se pararon a cambiarla descubrieron en el retrovisor la sombra de un camión acelerando por el horizonte. Les iría bien ponerse en marcha de nuevo cuanto antes.

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