El Real Madrid ha abandonado su crisis, proclama con alborozo la prensa deportiva de la capital española, después de que el vigente campeón de Europa (no está de más recordar que lo es) haya derrotado al París Saint-Germain en la ida de los octavos de final de la Champions League y encadenado dos victorias en La Liga frente a Betis y Leganés (lo normal en cualquier temporada; lo extraordinario en esta). Pero no todo es felicidad en la Casa Blanca. No al menos para Dani Ceballos, que ha recibido dos afrentas personales seguidas. Primero, la de la afición bética, que repudió a su antiguo canterano a la voz de “pesetero”. Después, la de su entrenador, Zinedine Zidane, quien con el encuentro resuelto en Butarque y para pasmo de todo el mundo hizo entrar al campo al jugador sevillano para disputar tan solo 28 segundos de partido

El enfado del muchacho de 21 años al abandonar el estadio era tan visible como comprensible. Porque ahora mismo Dani Ceballos está empezando a tener más claro lo que es y lo que no es, al menos en el club en el que ha escogido jugar. 

Ceballos sabe que es uno de los mejores nuevos talentos de la prolífica cantera de centrocampistas españoles. Sabe que es el timón de la selección española sub-21 y MVP de la última Eurocopa de la categoría. Sabe que, estrella ascendente en el Betis, fue un fichaje del Real Madrid de Florentino Pérez por 16,5 millones de euros, presentado con toda la habitual pompa, circunstancia y colección de familiares esperando recibir una pedrea del megasueldo del muchacho en un palco del estadio Santiago Bernabéu. Sabe que fue el emblema, junto a Théo Hernández o Marco Asensio, de un relato muy aplaudido el pasado verano, cuando el Real arrasaba rivales en las copas de pretemporada: uno que ensalzaba la política blanca de contratar a los mejores futbolistas jóvenes españoles para mantener su hegemonía frente a un Barcelona que no encuentra figuras nuevas en La Masía

Pero ahora Dani Ceballos también sabe que no es titular en modo alguno, y a veces ni suplente, para Zinedine Zidane. Sabe que en el vestuario más laureado del fútbol no es la figura que se imaginaba cuando estrechó la mano de Florentino. Sabe que no es nadie a los ojos de su legendario entrenador que no duda en usarlo para perder tiempo en un partido en el que no hacía falta robar un solo segundo al cronómetro (era el minuto 92 y el Madrid ganaba 1-3). Sabe que, pese a que el club ha pagado millones de euros por él, su estatus no es diferente al de Borja Mayoral u otros meritorios salidos de la cantera blanca y que aprovechan resquicios en forma de minutos hasta que se ganan una cesión a un club de Primera División para la campaña siguiente. Sabe que no es Marco Asensio, la niña de los ojos de la afición merengue. 

El imaginativo centrocampista andaluz ha sumado hasta la fecha solo 186 minutos en La Liga, repartidos en siete partidos, y ha anotado dos goles. Ha aparecido en cuatro citas de Champions, el escenario que imaginaba para sí al dejar el Betis, pero sumando 81 minutos en total. Y su mili blanca la ha cubierto en la Copa del Rey, con cinco encuentros y 411 minutos, un torneo en el que el Madrid ya ha llegado al final del camino

Zidane no necesitaba hacer con Ceballos algo que no habría hecho en modo alguno con las estrellas de su equipo: darle 28 segundos de partido, un caramelo que se le regala si acaso a un canterano que sueña con debutar en el primer equipo. Ocurre que el sevillano, pese a su juventud, no es un muchacho salido de la escuela merengue, sino un fichaje que venía a cubrir el hueco de James Rodríguez. O alguien no le ha explicado eso a Zizou, o somos nosotros, Ceballos incluido, los que no hemos entendido al técnico francés. Y lo que parece que nos quiere decir es que al chaval mejor le hubiese ido quedándose un año más en el Betis

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