Es más que probable que los goles de Cristiano Ronaldo en Eibar, indisolubles de la victoria del Real Madrid (1-2), no sirva para más que amarrar la tercera posición en la Liga española, porque no hay mucho más para lo que luchar en el campeonato local. Tampoco es útil sobreanalizar el hecho de que el Madrid pasó apuros para superar al aguerrido equipo vasco, un pequeño milagro futbolístico asentado en la clarividencia de gestión económica y quizás la mejor dirección deportiva de España (al menos en relación recursos-resultados). Estamos más que acostumbrados a ver al Madrid ser un equipo flojo y más en escenarios de menos focos. Quizás la mejor consecuencia que se pueda sacar de otro triunfo rutinario de los blancos es la evidencia de que el mejor argumento del presente del fútbol del Real Madrid es Cristiano Ronaldo. Y eso no es necesariamente malo: es, si acaso, una rendición.

Porque parece difícil concebir que el Real Madrid superase con total facilidad al PSG sin los goles de Cristiano en la eliminatoria, ni que el equipo de Zinedine Zidane se mantenga con cierta dignidad en la Liga española sin el acierto del portugués. Desde que naciese el año 2018, Cristiano Ronaldo acumula 17 goles, 14 en Liga y otros 3 en Champions League, donde no ha perdonado ningún partido sin marcar. Su repentina explosión realizadora en el campeonato español está maquillando su pobre arranque. En todas las competiciones (ha jugado al menos dos más), Cristiano Ronaldo ya cuenta un gol más que Lionel Messi, por más que la distancia futbolística entre uno y otro sea cada vez mayor. El caso es que el Real Madrid sería un equipo de resultados vulgares sin él.

 Y eso en sí no es malo. Lo que sucede es que desde hace una temporada y media, o quizás dos, se intuye que el Real Madrid quiere agitar un poco su esquema de juego y su plantilla para preparar el día en que el físico de Cristiano Ronaldo diga basta. Y todo parecía indicar que este ejercicio 2017-2018 iba a ser una buena prueba. Porque la temporada anterior, de clara mejora futbolística del Madrid de Zidane, parecía indicar que Isco iba a reclamar un puesto a costa del tridente ya de manera definitiva, que Gareth Bale tenía que dar un paso adelante para reclamar los galones del futuro, que Marco Asensio daría una nueva dimensión de velocidad, desborde y disparo de media distancia al juego blanco. Los laterales Marcelo y Carvajal seguían creciendo como algo más que desatascadores de momentos puntuales de embotellamiento en ataque. 

Al final, esta temporada ha mostrado poco de eso, si acaso un retroceso en el rol de Isco, el rendimiento más irregular de los punzantes laterales, el no saber qué hacer con Asensio hasta que el balear volvió a reclamar su sitio en Champions, Bale con medio pie fuera del equipo… Al final, queda Cristiano Ronaldo de nuevo como respuesta primordial del Real Madrid. En Eibar, le ayudó Luka Modric, el mejor centrocampista del equipo blanco en al menos una década. Y también alguna parada de Keylor Navas. 

Cristiano Ronaldo es de otra galaxia. Sabe que va a marcar, es diferente y especial. Su datos hablan por él mismo. Y lo tenemos nosotros. Es muy positivo siempre y si marca dos, quiere tres. Es muy bueno. A Isco y a Bale les vi bien, pero un poco peor como el resto de jugadores porque tuvimos dificultades y no estuvimos bien con el balón. Pero pelearon y corrieron mucho” , dijo Zinedine Zidane tras el triunfo en Eibar. Y así, con un par de frases se resume la filosofía actual del Real Madrid: da igual que los proyectos del futuro estén jugando mal, o que el propio equipo esté jugando mal, porque aún está Cristiano Ronaldo promediando más de un gol por encuentro jugado. Mientras dure…

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