Cuando el Grêmio de Porto Alegre se enfrentó al Real Madrid en la final del Mundial de Clubes, el muy egocentrista y heliocéntrico sistema que rodea al club blanco no tardó en tachar de muy pobre la propuesta del campeón de la Libertadores. El Grêmio apenas le creó dificultades al campeón europeo, por mucho que su entrenador Renato Gaúcho hubiese autoproclamado a su equipo como el último bastión del fútbol brasileño. Quizás no fuera para tanto (al fin y al cabo, no es que el Madrid les golease) y quizás también influyese que Arthur no pudiese jugar entonces por lesión. Arthur tiene 21 años pero ya es el cerebro del, es posible, el club con las ideas más claras y serias del fútbol brasileño. O al menos lo será hasta julio del 2019, cuando hará las maletas para Barcelona.

A cambio de 30 millones de euros fijos y 9 variables (con cinco condiciones, cuatro de ellas muy factibles, según los siempre permeables directivos del fútbol brasileño), Arthur será la apuesta del Barça para insuflar sangre nueva en el centro del campo, durante años la clave de su juego y que ahora empieza a acusar el paso del tiempo. Iniesta cada vez escoge más sus actuaciones, Busquets está viviendo una temporada sobresaliente pero las partes interiores de sus muslos suelen sufrir con la carga de partidos, Rakitic y Paulinho ya tienen una edad, André Gomes no gusta a la grada… Cuando el Barça fichó a Coutinho enseguida se señaló al brasileño como el sustituto de Iniesta, y lo está siendo, pero del Iniesta de hace al menos un lustro: jugando como extremo casi en 4-3-3, el ex del Liverpool no está actuando de interior, sino más bien de tercer delantero. 

El Barça necesitará en breve a un sustituto del Iniesta actual (qué bueno ha sido Iniesta que necesita reemplazos para dos versiones de sí mismo), el que es más interior, casi un centrocampista posicional, que cuando tiene buenas piernas lanza la presión y se asocia con Messi por donde quiera que gravite el argentino, peor cuando está más tieso repliega bastantes metros y actúa de auxilio a Busquets en la salida del balón. Y ahí cuadra un poco la contratación de Arthur, con todas las incógnitas que pueden rodear a un centrocampista de corte asociativo que se mueva en el contexto muy poco asociativo del fútbol brasileño. 

Porque aunque Renato Gaúcho, que se tiene en muy alta estima, presuma de que su Grêmio juega el fútbol más puro de Brasil (y pueda que sea cierto), no es muy difícil. Y Arthur y Luan (que es fino y también ejecutor) tienen poco más alrededor para juntarse y tocar la pelota. Además, el ahora nuevo futbolista del Barcelona no tiene la experiencia de la selección absoluta brasileña, porque Tite ya tiene su equipo perfilado y ahí Coutinho sí ejerce como más engrasador del fútbol y el resto son pretorianos.



Que le pregunten al Real Madrid cómo le fue con un centrocampista joven brasileño que destacaba en Cruzeiro y atendía por el nombre de Lucas Silva… El Barcelona confía en que Arthur dé el paso adelante que puede por potencial de su fútbol y ayude a ir metiendo savia fresca en la sala de máquinas de su equipo. Pero casi 40 millones por el brasileño sigue siendo una operación de cierto riesgo.

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