¡Para eso han venido! Debieron pensar todos los aficionados del Barcelona después del gran encuentro de Coutinho y Dembélé ante el Málaga. Casi más entre gestos de alivio, por ver que los dos grandes desembolsos del club culé, que de ilusión, al menos el entorno azulgrana puede respirar tranquilo por los primeros brotes verdes en un encuentro que, si bien no representaba gran amenaza por el rival, el colista Málaga, sí venía con una trampa mortal: no estaba Messi. El argentino, que horas antes del choque había sido padre por tercera vez, faltó en La Rosaleda por primera vez esta temporada (sólo había sido suplente ante el Espanyol, pero jugó la segunda parte).

Con una mezcla de expectativa y desconfianza, se presentaba el escenario ideal para que los dos grandes refuerzos, encargados además de llevar sobre sus hombros el futuro culé, demostraran que estaban preparados para dar un paso al frente. Las dudas no eran menores, especialmente en el caso de Dembélé, que entre lesiones y malas actuaciones estaban empezando a desesperar a la parroquia barcelonista.

No falló el francés, tampoco el brasileño, que como responsabilizados por la causa asumieron el mando de las operaciones en ataque desde el primer momento. Coutinho intentó hacer de Messi, mientras que por fin se pudo ver al Dembélé que maravilló en el Borussia Dortmund. Cada bicicleta, cada regate fallido hasta el momento, de pronto empezaron a convertirse en acciones indescifrables para sus rivales.

La puerta, eso sí, la abrió el de siempre últimamente. Porque si los anteriores cogieron el testigo del argentino en el juego, Luis Suárez se encargó de cogerlo en lo que se refiere al espíritu. Se le vio más participativo que nunca, más líder, y lo culminó con un gran gol de cabeza después de un exquisito centro de Jordi Alba.

Esto dio paso a la guinda de la noche, lo que resume la liberación de Dembéle y Coutinho, fabricando entre ambos un segundo tanto de belleza suprema. El francés se coló en el área y frenó en seco para librarse de su marca y poner un centro raso que el brasileño acarició con la espuela para mandarlo al fondo de la red. Una gran actuación, un triunfo sin Messi, puede que este sobresaliente sea todo lo que necesitaban ambos para empezar a creerse que de verdad son merecedores del precio que se pagó por ellos.