Hace un par de jornadas, en un partido del Barcelona en su casa del Camp Nou, las cámaras de televisión captaron a Ernesto Valverde en un lance de su equipo, cuando André Gomes recuperó una pelota en campo propio e intentó lanzar la contra a trompicones ante la falta de un rival. El técnico vasco comenzó a soltar palabrotas legibles en sus labios: “¡Puta madre, joder.. hostia!”. Cualquiera diría que Valverde también estaba desesperado, como los murmullos de la afición cada vez que el portugués tocaba la pelota, o los tuiteros que se mofan del centrocampista. Pero no, era justo al revés: Valverde estaba hasta las narices de que se maltratase en directo a André Gomes. Quizás el técnico culé sabía lo que pasa en el fuero interno del futbolista, que acaba de confesar a la revista Panenka el dolor que le causa toda esta situación.

“Me encierro. No me permito sacar la frustración que tengo. Entonces, lo que hago es no hablar con nadie, no molestar a nadie. Es como si me sintiera avergonzado. Me ha pasado en más de una ocasión eso de no querer salir de casa. Eso de que la gente te pueda mirar, tener miedo de salir a la calle por vergüenza…“, dice André Gomes en Panenka. La confesión de esa sensación de angustia, casi de pánico, que siente una figura tan pública y expuesta como un centrocampista habitual del Barça no deja de sorprender en el muy para machos sin sentimientos mundo del fútbol. Y remite a la reciente explicación de Kevin Love sobre sus ataques de pánico, que le han mermado desde que llegó a Cleveland Cavaliers y ante la presión de jugar al lado de uno de los mejores de la historia. No debe de ser fácil responder a la exigencia de LeBron James, como tampoco debe de serlo con Messi, aunque el argentino no ejerza de macho alfa. 

A André Gomes ya le protestan nada más salir a campo y se ha convertido en objetos de burla de las redes sociales, que no entienden la preferencia de Luis Enrique primero y Ernesto Valverde después por el portugués, que aparece en ocasiones lento con la pelota y poco resolutivo cerca del área, oscureciendo su despliegue físico, su capacidad de asociarse, su zancada… “Pienso en las cosas malas y, después, en lo que tengo que hacer, y voy siempre a remolque. Aunque mis compañeros me apoyan bastante, las cosas no me salen como ellos quieren que salgan. Me dicen que voy con el freno de mano. Y lo que más cuesta es tener consciencia de todo. Me molesta que me digan que puedo hacer muchas cosas buenas. Yo me pregunto a mí mismo: ¿y por qué no las hago?“, se explica dolido consigo mismo André Gomes, que sin embargo recibe el respaldo de su entrenador y de su club.

“Toda la comprensión, todo el apoyo y toda la confianza para él de nuestra parte. Son declaraciones sinceras que no hablan sólo de una situación actual, sino de la que ha ido viviendo, y muestran su compromiso. Él está trabajando y luchando para salir de su situación“, explicó Josep Vives, portavoz de la junta directiva del Barcelona, sobre la confesión de André Gomes. En el fútbol, donde las estrellas tienen que se agresivas, posar confiadas en redes sociales con sus posesiones y sus chicas y comportarse en el campo como líderes tribales, el ejemplo que recuerda siempre Robert Enke, que cometió suicidio por la presión del máximo nivel, se ve casi como una debilidad. Los futbolistas, en el fondo, son como tú y yo.

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