“Con Leo todos los equipos son diferentes”, dijo el entrenador Ernesto Valverde al final del partido que su Barcelona empató a dos goles en campo del Sevilla. Por fortuna para él, Messi juega en su equipo.

Pensar en lo que sería del Barça sin el argentino es un ejercicio inútil, porque esta época del club catalán es inseparable del mejor jugador del mundo, no se explica sin él. Pero quien busque argumentos de que es el de la camiseta número 10 quien transforma a un buen equipo en otro excepcional, puede acudir al partido del Estadio Sánchez Pizjuán, ese en el que el Barcelona fue vapuleado pero terminó empatando con un gol en el minuto 89. ¿El autor del tanto? Está de más decirlo. 

“Claro que Messi le cambia la cara a cualquier equipo”, explicó Montella, el técnico de los hispalenses. No se trata tan solo de lo que Leo hace con el balón en los pies, intentaba explicar el italiano. Con él sobre el césped sus compañeros ganan en confianza en la misma medida en la que los rivales la pierden, obligados a extremar la vigilancia sobre el menudo futbolista. “Hemos tenido ocasiones también con Messi en el campo y eso hay que reflejarlo”, añadió Montella para poner en valor el trabajo de su equipo ante esa dificultad añadida, ante la presencia del crack. 

La Pulga, aún renqueante de las molestias que impidieron su concurso en los encuentros amistosos de Argentina, que le obligaron a contemplar estupefacto la demolición ante España, fue suplente en Sevilla. Entró en el partido en el minuto 57, sustituyendo a un desafortunado Dembélé. El Barça caía 2-0 e iba a perder su primer encuentro liguero. Parecía inevitable hasta que Valverde permitió el ingreso de su mejor futbolista. 

El genio de Rosario no resolvió de inmediato los problemas de su equipo, que en nada se pareció al Barça de esta temporada, ese que apenas concede ocasiones a los rivales y, cuando lo hace, reacciona a tiempo. El Sevilla lo desarboló, acumulando hasta 21 tiros a portería. Ter Stegen paró cuanto pudo, Pizarro demostró que es un gran jugador falto de colmillo y Muriel… Bueno, digamos que si Muriel fuese el delantero de Argentina en lugar de Higuaín, la afición albiceleste se habría quedado sin insultos para reaccionar al cúmulo de ocasiones marradas y malas decisiones del egoísta delantero colombiano. Aun así, con tantos del Mudo Vázquez y del propio Muriel, los andaluces gobernaban el partido.  

Los males del Barcelona tenían que ver con la defensa. Messi se las apañó para que la zaga del Sevilla también tuviese algo de lo que preocuparse. Los culés acabaron sumando 20 disparos a la portería rival. Acertaron dos en apenas un minuto, cuando el encuentro acababa. Primero, Luis Suárez. El definitivo lo marcó Lionel. 

“Es un poco lo de siempre. Él lo sabe, todos confiamos en Leo”, resumió Rakitic al final. Ese es el gran mérito del fenómeno: lo que pasa con Messi es “lo de siempre”. 

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