De pronto, y en apenas unos días, la Liga española acaba de enterarse de que se queda sin dos de sus grandes referentes del Siglo XXI. Semana de despedidas entre partido y partido de Champions League, con Fernando Torres anunciando que deja el Atlético de Madrid y, ahora, Xabi Prieto haciendo público que colgará las botas a final de temporada. Se retira el capitán de la Real Sociedad y con él un trozo de historia de un club con tanto peso en el fútbol del país como el txuri-urdin.

Porque Xabi Prieto pertenece a ese pequeño club de los últimos románticos. Debutó en 2004 con la camiseta del primer equipo donostiarra y desde entonces no se ha puesto otros colores para saltar a un terreno de juego. Decidió quedarse en casa a pesar del descenso en 2007 y aguantó en Segunda División tres campañas hasta que consiguió devolver a la Real a la élite.

Se va con más de 500 partidos entre todas las competiciones con el equipo de Anoeta, con el honor de ser el quinto jugador que más veces vistió la camiseta por detrás Alberto Gorriz (599), Juan Antonio Larrañaga (589), Jesús Mari Zamora (588) y Luis Arconada (551). Pese a no haber podido levantar títulos, él es la historia reciente de la Real Sociedad, alumno primero y después mentor de la última época dorada con los Vela, Griezmann y ahora Oyarzabal y Odriozola.

Con un guante en la pierna derecha y una inteligencia privilegiada, ha sido precisamente su cerebro el que le ha permitido mantenerse tanto tiempo en el fútbol de élite. De extremo a centrocampista, su transición la han agradecido sus últimos técnicos, recurriendo a él como tierra firme ante las continuas idas y venidas de jugadores y entrenadores para dar el salto de calidad necesaria.

Lo deja Xabi Prieto a sus 34 años y lo hace además siendo importante. Por su cabeza nunca pasó arrastrarse por los campos y a la primera muestra de desgaste físico ha preferido hacerse a un lado para poder dedicarse a pasear por la Playa de la Concha de su Donosti natal. Este año lo había jugado prácticamente todo, siempre como titular, hasta que una lesión muscular lo frenó. Puede que esa fuera la señal que estaba esperando, esa señal que convierte al jugador desde ya en una leyenda para los suyos.

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