Aunque se dice que el amor florece en primavera, que la historia entre el Espanyol de Barcelona y su entrenador, Quique Sánchez Flores, iba a acabar mal, se sabía desde el invierno. Pocas veces un adulterio había sido tan público. El técnico despejaba entonces preguntas sobre su posible marcha a otro club en ruedas de prensa que se celebraban bajo el escudo de la institución que le pagaba. Aquel club era el Stoke City, de la manirrota Premier League, dispuesto a cubrir de dinero al míster madrileño. Hoy, los potters marchan penúltimos en Inglaterra y los pericos son quintos por la cola en La Liga. Todos han acabado perdiendo, incluido el deseado Quique, destituido por sorpresa a cinco jornadas del final del campeonato

El adiós forzoso del mediático entrenador no responde a la necesidad de un revulsivo. Aunque no matemáticamente, la salvación del Espanyol está prácticamente en el bolsillo. Pero lo que ya no se podía recuperar era la armonía en un club donde todas las partes parecían desquiciadas y el origen del conflicto acababa señalando a un técnico de verbo pausado y mirada severa al que se le ha ido descomponiendo el rictus. Primero, al hacerle ojitos a aquella oferta inglesa mediada la temporada, cuando su equipo no rendía como se esperaba, y ahora al escuchar los silbidos de la grada, el silencio de un vestuario que lo ha abandonado y también las risas (o eso pensó) de los periodistas

La situación era tan insoportable que, con tal de no aguantarse durante el mes que restaba de competición, el club ha decidido rescindir a Sánchez Flores abonándole los cuatro millones de euros de su último año de contrato. Podría parecer que es el entrenador quien menos pierde, pero su hoja de servicios queda manchada con una destitución más, tras la del Valencia en 2007, y unos resultados pobres para el potencial que se le suponía a la plantilla. El Espanyol solo había ganado dos de los últimos 15 encuentros y llevaba cinco partidos sin anotar un solo gol. El balance de su paso por el club es de máximo equilibrio o de máxima mediocridad, según cómo se quiera interpretar: 26 victorias, 26 empates y 27 derrotas. 

Entrenador y club han sufrido a causa de las expectativas. Al igual que en otros equipos, la llegada de inversores chinos a la presidencia del Espanyol hizo pensar en una lluvia de dinero que equivaldría a un salto de calidad, más aún tras exceder los resultados previstos en la campaña anterior, cuando el equipo terminó en octava posición de La Liga. Así que Quique Sánchez Flores reclamó refuerzos acordes a la exigencia, para establecerse en la zona noble del campeonato. Los que llegaron no convencieron y por el camino perdió piezas como Javi Fuego. Su fútbol rácano, carente de atractivo, se desnudó en cuanto los resultados fallaron. Y así se fue agrietando la relación con la grada de Cornellá, casi al mismo tiempo que el vestuario renunciaba a un técnico que cuestionaba el potencial de su plantilla en público

A punto de descender a la Championship, puede que en el Stoke City se pregunten qué habría pasado si hubiesen fichado al entrenador español que pretendían. Hoy, en el Espanyol piensan que ojalá lo hubiesen hecho.