Lo que empezó siendo una fiesta acabó en la peor de las pesadillas para el sevillismo. La brutal paliza recibida en la final copera ante el Barcelona ha desatado un incendio sin precedentes en el seno del club andaluz, que hace no demasiado disfrutaba de un triunfo histórico en Old Trafford pero que hoy vive el momento más delicado en una temporada tumultuosa. Tal es la debacle que el dedo acusador de la afición apunta a todos: al presidente José Castro, al entrenador Montella y, por supuesto, a una plantilla en horas muy bajas. 

Quién lo hubiera imaginado aquel 13 de marzo, cuando el Sevilla escribía una de las más brillantes páginas de su trayectoria continental al eliminar al todopoderoso Manchester United en su propio feudo. Pese a ello, el primer proyecto tras la era Monchi amaga con finalizar en desastre después de los acontecimientos más recientes, una mecha que se encendió tras la exhibición culé sobre el césped del Wanda Metropolitano. 

Nada más finalizar el monólogo catalán, varios aficionados andaluces chocaron con algunos miembros de la plantilla del Sevilla en la estación de Atocha, como Nico Pareja o Guido Pizarro. Los futbolistas, que se encontraban con sus familias, respondieron a las quejas de los seguidores, lo cual provocó una desagradable situación. Sin embargo, lo que colmó la paciencia de la hinchada fue otro episodio, que se descubrió al día siguiente y cuyo protagonista principal había sido Steven N’Zonzi

El futbolista francés, una de las principales figuras del plantel y que recibió múltiples ofertas para abandonar la entidad durante el mercado invernal, fue cazado en una discoteca madrileña a altas horas de la madrugada del propio sábado, apenas un suspiro tras haber sido aleccionado por Iniesta y compañía. El futbolista se disculpó a través de los canales oficiales del club pero Castro anunció que el tomaría medidas disciplinarias contra él; la afición, más explícita, exige que no vuelva a vestir su actual escudo

Este insoportable ambiente podría saltar definitivamente por los aires mañana martes, cuando se producirá una reunión del Consejo de Administración. Montella no está a salvo, como tampoco lo está Óscar Arias, el sustituto de Monchi en la parcela deportiva. Ambos parecen sentenciados para salir del Sevilla tarde o temprano, señalados también como culpables de que el Betis les haya superado en la tabla de la Liga en las últimas semanas. Porque mientras en la acera vecina lo celebran, en el Sánchez Pizjuán sufren con la peor resaca copera que se recuerda

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