El Barcelona acabará la temporada con dos títulos, la Liga española y la Copa del Rey, un bagaje que en el fútbol moderno suena a obligación para un club con la dimensión del catalán, y que sólo puede empeorar en el caso de que el Real Madrid gane la Champions League. Por eso, la eliminación del Barça ante la Roma en las semifinales de la competición europea pesa mucho en el resumen del año. Sobre todo, en la mente de algunos directivos de la entidad azulgrana, posiblemente los más preocupados de cuadrar los números. La prensa que sigue al Barcelona usó en las últimas fechas inoportunas filtraciones del entorno de la gerencia del club, sobre el descontento con Ernesto Valverde por lo sucedido en el Olímpico de Roma. Todo antes de la final de la Copa, que el Barça se llevó tras arrasar al Sevilla.

El presidente Josep Maria Bartomeu no se manifestó públicamente sobre este ruido de fondo en las semanas que faltan para que termine la competición, con el título de Liga posiblemente confirmado este mismo fin de semana. Tampoco hubo ocasión todavía de preguntarle al propio Valverde, aunque informaciones que apuntan a su entorno cercano aseguran que el técnico vasco está muy molesto con lo que está oyendo en las últimas horas. A Valverde le queda otro año más de contrato y no tiene ningún motivo para renunciar a él. “El entrenador ha reconstruido al equipo tras lo de Neymar. Se merece todos los respetos. Es un grandísimo entrenador, que nos deja nuestro espacio”, dijo Jordi Alba tras el triunfo sobre el Sevilla. La defensa de uno de los jugadores más importantes en el vestuario del Barça no parece casual.

Tampoco lo es que el eco de disensiones internas en el seno de las directiva culé cuestionando la figura de Ernesto Valverde tenga una ola de simpatía en la prensa hacia la figura del entrenador. Por más que se critiquen su escasez de reflejos en Roma cuando el partido estaba en claro peligro y su planteamiento un tanto conservador, al ex del Athletic de Bilbao se le respeta por su sentido común, su gestión de los minutos de Iniesta, y su naturalidad. Valverde concede las mismas entrevistas que su antecesor Luis Enrique (ninguna), pero eso no parece cabrear tanto a los medios españoles como les ocurría con el asturiano.  

A las críticas por lo sucedido en Roma y al miedo de que le Real Madrid se proclame campeón de Europa por tercer año consecutivo es a lo que se aferran los críticos con Valverde, temerosos de afrontar otro verano de gasto en fichajes, y responder a las preguntas incómodas sobre por qué no hay jugadores canteranos de nuevo cuño en el primer equipo, el más que posible descenso del filial y la incongruencia del equipo de la Youth League siendo el mejor de Europa. Lo peor de todo para desviar la atención y señalar con el dedo a Ernesto Valverde es que no hay grandes nombres en el mercado de entrenadores disponibles para reemplazar al vasco a un precio razonable e ilusionante de cara a la afición del Barça. Aún así, la paliza del Liverpool a la Roma hará poco por desviar el fuego del Txingurri.

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